GUILLERMO ZAPIOLA
El Oscar a mejor film en lengua extranjera obtenido en la penúltima entrega de los premios de la Academia puede ser el principal gancho previo de "Final de partida", película japonesa que se estrena mañana.
En el centro de la historia se ubica un violoncelista (Masahiro Motoki) que tras perder su trabajo regresa con su esposa (Ryoko Hirosue) a su ciudad natal, Yamagata, en la isla japonesa de Honshu. Allí consigue un empleo por lo menos insólito: comienza a trabajar en una funeraria, haciéndose cargo del ceremonial de preparación de los cadáveres, previo a la cremación.
La tarea lo llevará a viajar de un lado a otro junto con el propietario de la empresa, y a comprometerse de a poco con la experiencias de sus "clientes" (es decir, los difuntos a los que debe preparar). La lista es larga y variada: una hermosa suicida que resulta ser un travesti, un adolescente muerto en un accidente de motocicleta, una abuela que admiraba los calcetines blancos y holgados. Vacilante al principio, el hombre comienza a entender empero, de a poco, el significado de su trabajo, y a desarrollar también un respeto por la vida.
Quien no se siente nada convencida con todo el asunto es su esposa, que no tolera la idea de la manipulación de los cadáveres, exige que renuncie, y cuando él se niega lo abandona para regresar con su familia a Tokio. Y, de pronto, el tema se carga para el protagonista de resonancias más personales: la esposa vuelve, la madre de un amigo cercano muere de repente, llega la noticia de que su padre, al que no había visto en treinta años, también murió.
Para entender mejor el film conviene saber que el lavado ceremonial de los difuntos, y la preparación y colocación de los cuerpos en el ataúd en presencia de los parientes antes de la cremación, constituye un acto que realmente le importa a un sector de la sociedad japonesa, aunque poca gente se sienta cómoda ejerciéndolo y muchos prefieran que lo haga otro. El director Yojiro Takita ubica esa historia individual en un marco característico del cine oriental (y no sólo de él: es obvio que lo empleó Kim Ki-Duk en Primavera, verano, invierno, otoño y otra vez primavera, pero también Jean Renoir en El río y Bernardo Bertolucci en Novecento): el paso de las estaciones como símbolo de las transiciones de la vida y comentario poemático de la acción principal.
Yojiro Takita es un desconocido para el espectador uruguayo, y conviene saber que nació en 1955, desempeñó tareas como asistente de dirección en Shishi Productions, la productora de Hiroshi Mukai, desde 1976, y debutó como realizador en 1981 con Chikan Onna Kyoshi, primera de veinte películas que realizaría para la empresa. En 1986 llamó particularmente la atención en el festival de cine de Nueva York con su film Komikku Zasshi Nanka Iranai! En 2001 su fantasía de efectos especiales Onmyoji fue un real éxito de taquilla, y generó la inevitable secuela (Onmyoji 2, naturalmente) dos años después. En 2003 obtuvo aclamaciones críticas y premios por el drama histórico When the last sword is drawn, al parecer otra de sus culminaciones.
Un aluvión de elogios y premios
El premio más notorio fue sin duda el Oscar 2009 a mejor película en idioma extranjero, pero no ha sido por cierto el único galardón internacional obtenido por "Final de partida" de Yojiro Takita.
La película ha llamado la atención de buena parte de los jurados a cuya atención fue sometida. Una lista incompleta de las distinciones que ha recibido debe incluir diez galardones en la edición número 32 de los Premios de la Academia Japonesa, el Grand Prix des Amerique en la edición 32º del Festival Internacional de Cine de Montreal, los Golden Rooster Awards a mejor película, director y actor de la Academia China, el premio del público en la edición número 28 del Hawai Film Festival, el premio del público al mejor largometraje narrativo en la edición número 20 del Palm Springs International Film Festival, y otros varios reconocimientos a guión, dirección y actuación.
La crítica no ha sido menos entusiasta, y ha subrayado igualmente las calidades de la banda sonora de Joe Hisaishi, responsable, entre otras, de las partituras de "El viaje de Chihiro" y "El increíble castillo vagabundo", del gran maestro de la animación nipona Hayao Miyazaki.