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Juan MartÍn Posadas
La payasada de la designación de Néstor Kirchner para dirigir la Unasur ha distraído nuestra atención de otros acontecimientos diplomáticos que le importan al Uruguay. En todas las regiones del planeta los países se van vinculando y formando asociaciones. Nuestro país integra muchas -algunas razonables, otras artificiales, como he señalado otras veces- y, a través de ellas, se interrelaciona con otros mundos. La integración regional -que es la más obvia, la que parecería más fácil de concretar- es la que nos ha resultado más difícil y una fuente de frustraciones. El Mercosur es, en estos momentos, más una complicación que una ayuda.
Hay otros escenarios internacionales donde se están jugando posibilidades para el país. El martes 18 del corriente se celebró una reunión plenaria entre delegados de la Unión Europea y de América Latina para avanzar un paso más en el diseño y aprobación de nuevas relaciones comerciales entre ambos bloques. El día antes de la inauguración oficial la Unión Europea y Centro América firmaron la instalación de un tratado de libre comercio (TLC).
Como contraste tengamos en cuenta que llevan cinco años de estancamiento las conversaciones para concretar un tratado entre el Mercosur y la Unión Europea. ¡Cinco años en punto muerto! Perú y Colombia firmaron, durante los días de esa reunión cumbre, un TLC con la Unión Europea; Chile y México ya lo tenían.
Todo parece tan fácil y expedito en manos de otros protagonistas y tan engorroso y dilatado en lo que a nosotros refiere. Adviértase que, por alguna razón, no asistieron a la cumbre de la semana pasada ni el presidente Chávez, ni los Castro, ni el pederasta que gobierna Nicaragua, lo cual facilita enormemente cualquier discusión.
La integración, comarcana si se quiere, que nos vincula con el vecindario, que es el Mercosur, es un inventario de desencuentros. Astori, que viajó en lugar del Presidente, se declaró esperanzado de poder llegar pronto a un acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Pero, ¿qué Mercosur? Esa es la pregunta que se hacen los europeos. Mientras se trate de una región regida por un tratado que no respetan los socios mayores (Argentina y Brasil) y mientras se mantenga el sesgo político y declarativo que le fueron dando los gobiernos de Kirchner, Vázquez y Lula, Europa no tendrá interés en firmar nada. Agradezcamos a Paraguay que vetó el disparate de aceptar a Venezuela como miembro.
Poco ha servido hasta ahora la tolerancia de nuestro país hacia las llamadas "perforaciones" perpetradas por Brasil y Argentina. Este último "socio" acaba de prohibir que toquen puertos uruguayos los barcos que llevan mercaderías desde la Patagonia al Brasil. Su gobierno prohibió (por teléfono) la importación de alimentos uruguayos que compitan con su producción nacional. Del puente, ni hablamos.
Uruguay no se puede ir del Mercosur y debe mantener buenas relaciones con sus vecinos. Pero debe revisar la diplomacia bonachona, las políticas de paciencia y la solicitud de un lugarcito en el estribo para que nos lleven. Como bien escribió Nogueira, en su columna del jueves, vayamos pensando en abandonar rápido la política del pobre negrito. Nos vamos quedando atrás.










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