DIEGO FISCHER
Pasaron las elecciones municipales y todo indica que hasta dentro de cuatro años las euforias electorales no volverán. Aunque en Uruguay uno nunca sabe; capaz que el año que viene ya empezamos a ver algún amague electorero. ¿Vio que portavoces del oficialismo se han manifestado preocupados por la extensión de la campaña? ¿Será por la duración de la misma -sin dudas eterna- o por el corolario que tuvieron para ellos los comicios municipales? En fin, lo cierto es que las urnas están guardadas nuevamente en la Corte Electoral. Mientras tanto las autoridades municipales montevideanas hacen la plancha esperando traspasar el mando. Un informe publicado el pasado jueves por El País dejó en evidencia el fracaso de la mayoría de los proyectos que la administración municipal que fenece planteó. La transformación del antiguo control de Arenal Grande, la remodelación del Parque Rodó, el proyecto Reconquista y los estacionamientos en la Ciudad Vieja y el Cordón, quedaron en el papel. Lo único que se salvó y luego de más de una década de desidia e inoperancia fue el Hotel Carrasco. Todo indica que el magnífico edificio reabrirá en dos años gracias a una gran inversión privada.
¿Qué puede mostrar el gobierno Municipal que se marcha como logros? El aumento sideral de impuestos en vastas zonas de la capital, una avidez por recaudar sólo comparable con la de la última etapa del régimen militar, cuando se inventaban cuotas extras de contribución inmobiliaria para pagar los sueldos a los empleados públicos; inspectores de tránsito que no sólo violan las normas que deben hacer cumplir, sino que además tienen delirios monárquicos, parafrasean a Luis XIV y dicen que ellos son la ley y amenazan a mujeres que se resisten a ser injustamente sancionadas; un servicio de recolección de basura y de barrido que funciona de acuerdo al humor y los intereses personales y políticos de Adeom, claro, con excepción de aquellas zonas que el trabajo lo cumplen empresas privadas o los jóvenes del Movimiento Tacurú. Un servicio de transporte que -más allá del cambio en la forma de adquirir el boleto- sigue siendo ineficiente y lento. Una atención al contribuyente en el Palacio Municipal o en los Centros Comunales Zonales propia de las parodias de Antonio Gasalla. Y me quedo por aquí, porque carezco de información sobre la transparencia del manejo de la gestión municipal, tanta veces observada por el Tribunal de Cuentas ¿Será, cómo decía el ex canciller y ex senador Reinaldo Gargano, culpa de la derecha?