María Julia Pou
Un país se define entre otros parámetros por la calidad de la enseñanza que brinda a sus niños y a sus jóvenes. En estos últimos días hemos debido mirarnos en un espejo que nos brinda una imagen que no nos deja satisfechos sino más bien nos responsabiliza como sociedad: es enorme la proporción de jóvenes que no terminan el segundo ciclo de la enseñanza.
Más allá de la importancia del tema con respecto a lo estrictamente académico, al hecho innegable de cómo afecta a quienes son desertores del sistema en la hora de buscar su oportunidad laboral, es conveniente analizar las causas del abandono prematuro de los estudios así como sus consecuencias desde el punto de vista humano.
En nuestro concepto la educación se compone por lo menos de dos áreas fundamentales: la instrucción y la formación del joven como ser humano.
No podemos descartar, sin tener informes profundos acerca de la validez de los conocimientos que se imparten en nuestros liceos, que los contenidos de los programas que se brindan a los jóvenes no sean adecuados a las nuevas realidades, que no se compadezcan con las exigencias del mercado laboral y que por ese motivo sean causa de frustración y abandono temprano del liceo.
En otras palabras, quizás el "aggiornamento" de los contenidos pueda ser un instrumento de urgente utilización para evitar que siga la sangría que tanto nos va a perjudicar a todos y en especial a los jóvenes que desencantados huyen del sistema… hacia ningún lado…
Pero quizás el aspecto más importante de la circunstancia que hoy consideramos se refiere al aspecto de la formación del ser humano como tal. La adolescencia es una etapa de la vida en que se inscriben en el alma del joven los valores que luego como telón de fondo estarán presentes en su propia experiencia vital: el compañerismo, el saber perder y ganar en los deportes -instancia de formación única en esta eta-pa-, el respeto a los profesores y a los otros alumnos, y tantas circunstancias que se presentan por primera vez en la vida de un joven y que sellaran su alma para siempre.
Sin olvidar que en el estudio de la historia los jóvenes descubrirán de dónde venimos y por lo tanto podrán con mejores herramientas participar en el diseño del futuro de todo el colectivo.
Un portavoz del Congreso de los Estados Unidos en la época de la administración Kennedy, Tip O`Neill, solía decir que a una sociedad se la juzga por como trata a los que están en la aurora de la vida - niños y jóvenes-; por como es con los que están en el atardecer de la vida, es decir los adultos mayores; y finalmente, por como es la sociedad con aquellos que están en las sombras de la vida, los discapacitados.
Nuestra sociedad tiene mucho camino por reco- rrer en esta materia. Hoy hemos querido empezar por la aurora de la vida -los jóvenes- porque quizá mañana sea tarde…