DANIEL HERRERA LUSSICH EN WASHINGTON | CORRESPONSAL PERMANENTE
La polémica no ha bajado decibeles. Es tema general de conversación y de protestas desde que la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, firmó la ley estadual que autorizó la detención ante la "mera sospecha de estar frente a un inmigrante ilegal".
El presidente de EE.UU., Barack Obama, luego de severas críticas a la norma ("no conduce a nada beneficioso, el pueblo americano merece una reforma integral", dijo), anunció oficialmente que "intentará que el Congreso inicie este año el análisis de la reforma migratoria, procurando que surja de una acuerdo bipartidario. Va a ser difícil", agregó.
Por el momento la unanimidad de los legisladores republicanos y un fuerte sector demócrata resiste discutir el problema o mantiene silencio.
Las manifestaciones de protesta se repiten a lo largo y ancho del país, casi en su totalidad integradas por latinoamericanos (90%) y también por asiáticos, africanos y cupos de activistas estadounidenses. Se ha decretado el boicot al intercambio o eventos que tengan como sede Arizona.
Gran parte de la opinión pública apunta sus objeciones más a la forma que a los fines de la ley antiinmigratoria. "El procedimiento ha sido tan erróneo que abrió las puertas al duro argumento de manejos racistas y en realidad el estadounidense aspira a que se cumpla la ley", señalaron allegados al ex candidato presidencial y actual senador republicano John McCain. "La gente, fundamentalmente el estadounidense, quiere que no siga ese goteo de inmigrantes que ingresan sin papeles por la frontera con México o por los aeropuertos con visa y luego, vencidos los plazos, se quedan clandestinamente en territorio americano".
Pero por encima de las rencillas, las diferencias abismales de criterio entre unos y otros sobre la flexibilización o el drástico cierre de la inmigración, existe un factor que resulta decisivo en la actualidad: las elecciones legislativas de medio termino que se realizarán en noviembre para renovar toda la Cámara de Diputados y un tercio del Senado.
En la actualidad Obama y los demócratas conservan ajustadamente la mayoría en el Congreso. Los tres últimos resultados electorales, para renovar gobernadores de Nueva Jersey y Carolina y senador por Massachusetts, pasaron de manos oficialistas a republicanas. Un especial "toque de alerta" para la Casa Blanca. El tema inmigrantes ilegales polariza al electorado. Una ley de reforma migratoria podría resultar un "boomerang" para el gobierno. Hay 11 millones de ilegales (65% mexicanos) que buscan el camino de la regularización de su residencia. Pero distribuidos por todo el país pueden cambiar un resultado electoral.
Es difícil aventurar un pronóstico, pero no se ven elementos terminantes que los conviertan en votos decisivos.
En cambio la voz contraria, que resiste a ultranza a los "ilegales", no sólo se levanta en Arizona (70% es favorable a la cuestionada ley), sino que se repite, aunque con menor dureza, en otros 30 estados.
Esos sectores muy numerosos y poderosos que rechazan la inmigración ilegal, argumentan que "en el caso de Arizona el 22% de los delitos han sido cometidos por inmigrantes que integran el 11% de la población carcelaria, y la quinta parte vive bajo márgenes de pobreza".
Este cuadro sobre la inmigración ilegal se repite en numerosas regiones de EE.UU. Y en una época de crisis, falta de empleo, aún los de menor calidad y bajas retribuciones, la existencia de más de 11 millones sin documentos y el "goteo" constante que sigue ingresando a través de la frontera con México, dificultan, en un futuro más o menos cercano, cualquier solución de fondo.