Los ´Tories´ lograron 307 escaños, 19 menos que la mayoría absoluta de 326 de los 650 escaños del parlamento, según esta encuesta difundida por las televisiones británicas BBC, Sky e ITV.
El sondeo da 255 escaños a los laboristas del primer ministro de Gordon Brown y 59 a los liberal demócratas de Nick Clegg, quien pese a haber sido el gran animador de la reñida campaña electoral, perdería cuatro escaños con respecto a la anterior legislatura.
Con estos resultados, Gran Bretaña tendría el primer "hung parliament", o parlamento sin mayoría absoluta, desde 1974, cuando se saldó con una nueva convocatoria de elecciones pocos meses después.
Si se confirma esta situación, el derrotado primer ministro saliente, o sea Gordon Brown, tendrá la opción de dimitir o de permanecer en el poder y tratar de formar una coalición para gobernar.
Laboristas y liberal demócratas tendrían más escaños que los conservadores, pero tampoco alcanzarían la mayoría absoluta.
El ministro de Comercio, Peter Mandelson, no descartó una alianza con los liberales demócratas. "No es el partido que tiene el mayor número de escaños el que trata (de formar gobierno) primero, es el gobierno saliente", recordó en la BBC. "No veo problema de tratar de dar al país un gobierno fuerte y estable".
Los primeros resultados oficiales deberían difundirse hacia las 23H00 GMT.
Más de 45 millones de británicos estaban convocados a los 50.000 colegios electorales diseminados por todo el país para participar en las elecciones más reñidas en décadas.
Aunque no se han difundido datos de participación, ésta debería superar el 61% que se registró en 2005 debido a la incertidumbre sobre el desenlace.
Las últimas encuestas de intención de voto sugerían ya que los conservadores ganarían el voto popular, pero no la mayoría absoluta en el parlamento.
Cameron, de 43 años, a quien hasta hace unos meses todo el mundo veía ya en el 10 de Downing Street, perdió terreno en los dos últimos meses frente al Brown, que esperaba legitimar en las urnas el cargo que heredó de Tony Blair en 2007.
El líder Tory fue el líder más madrugador a la hora de votar, y eso que tuvo que retrasar dos horas su llegada debido a que dos jóvenes se encaramaron al techo de su colegio electoral en Spelsbury (noroeste de Londres).
Cameron, de 43 años, sufragó finalmente pasadas las 10H30 locales, acompañado de su esposa Samantha, que espera un hijo para septiembre.
Poco después votaron en Escocia el primer ministro laborista británico, quien a sus 59 años busca legitimar en las urnas el cargo que "heredó" de Tony Blair en 2007, y su inseparable esposa Sarah.
Casi al mismo tiempo lo hacía en Sheffield (norte de Inglaterra) el popular liberal demócrata Nick Clegg, también de 43 años y tercero en discordia, acompañado de su esposa Miriam González, que no pudo votar a su marido porque sólo tiene nacionalidad española.
A Clegg, que en esta campaña pasó de desconocido a político británico más popular desde Winston Churchill en 1945 tras sus brillantes actuaciones en los debates televisivos, le quedará el consuelo de haber ganado las dos "elecciones virtuales" que se llevaron a cabo en la red social Facebook.
El mayor incidente de esta jornada electoral lo protagonizó el candidato que trata de ganar el primer escaño de la historia del euroescéptico Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), Nigel Farage, que sufrió lesiones en la cara y en las costillas cuando la avioneta en que viajaba se estrelló al despegar de un aeropuerto al norte de Londres.
La campaña electoral estuvo dominada por la televisión, y en especial por los tres debates sin precedentes en la historia de la democracia británica, que propulsaron al desconocido Clegg, de 43 años, a una tasa de popularidad que ningún político había vuelto a alcanzar desde Winston Churchill en 1945.
Según un estudio divulgado este jueves, casi uno de cada cinco electores (17%) cambiaron su voto tras estos debates, que fueron seguidos por millones de telespectadores y de los que el desgastado Brown emergió como gran perdedor.
La economía, cuando Gran Bretaña sale con dificultades de su peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial, fue el tema central de la campaña, junto con la inmigración y la reforma electoral que promueve Clegg, abanderado del cambio frente a las políticas de los dos "viejos partidos".
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