DANIEL HERRERA LUSSICH EN WASHINGTON | CORRESPONSAL PERMANENTE
Si no surge un nuevo escollo en pocas horas israelíes y palestinos, con la intervención del enviado especial de Barack Obama, se sentarían en torno a una mesa de negociaciones, tras casi un año y medio, en un nuevo intento de alcanzar la paz.
Esta vez hay cierto optimismo sobre avances concretos. Nadie aguarda otro encontronazo como el sucedido cuando el "ruidoso desaire" que debió sufrir nada menos que el vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, cuando en plena visita oficial anunciaron las autoridades israelíes el comienzo de un proyecto de 110 nuevos asentamientos en el sector este de Jerusalén. Esta resolución inesperada contrariaba absolutamente el compromiso, asumido tiempo antes con el presidente Barack Obama, de congelar durante 10 meses toda construcción en los polémicos territorios.
Las puertas al diálogo entre israelíes y palestinos con la mediación estadounidense parecían cerradas por largo tiempo. Hubo duras declaraciones de reproche de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y días después el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en viaje a Washington para asistir a la asamblea del AIPAC, poderoso lobby judío en Estados Unidos, concurrió a la Casa Blanca, en medio de un clima de extrema tensión. Allí durante más de una hora mantuvo sin progresos complicado diálogo con Barack Obama. Se dice que el clima se había endurecido tanto que Obama se retiró y dejó solo a Netanyahu. Obama sin dar aviso previo cenó con su familia, sin haber invitado al Primer Ministro. Luego retornó, hubo saludos de rigor, sin que se adelantara un paso hacia el terreno amigable.
Ahora el espinoso problema de Medio Oriente habría tomado mejores rumbos. George Mitchell, el enviado de Obama, se encuentra desde el lunes en la región desarrollando detalles, calificados de positivos tanto en las cúpulas del Congreso como de la Casa Blanca. En las últimas horas la Liga Árabe, según trascendió, dio una especie de bendición a Mahmud Abbas, el presidente palestino, para aceptar algunas condiciones fijadas por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, la fundamental apunta a no condicionar toda futura conversación a una declaración o proclamación oficial de Netanyahu comprometiéndose a un "congelamiento total de los asentamientos en la ribera occidental de Jerusalén".
El primer ministro israelí, por su parte, habría accedido a dialogar sobre todas las cuestiones en juego, incluyendo Jerusalén o las fronteras de un futuro estado palestino.
Pero apenas trascendieron los compromisos de las cúpulas israelíes y palestinas, también allegados a las mismas deslizan sus dudas sobre la realidad "de que la otra parte cumpla" y se preguntan qué "armas tiene Barack Obama para presionar", por medio de su enviado especial, Mitchell, en caso de un colapso del diálogo. Aunque no en forma oficial, jerarcas de la Casa Blanca dijeron que "Mitchell está autorizado por el presidente de los Estados Unidos a presentar propuestas de compromiso sobre la base de los principios de dos estados para dos pueblos" y la retirada israelí de Cisjordania y Jerusalén Este.
Muchas opiniones sostienen que Netanyahu no podrá aceptar esta fórmula, pero en altas fuentes estadounidenses se insistía en que el primer ministro israelí asistía a estas nuevas conversaciones con fuerte respaldo. Desde el pasado jueves, con el voto incondicional del Likud, contra los extremistas, que se oponen a toda concesión, Netanyahu podría llevar adelante algún "gesto" hacia los palestinos y afirmar un primer paso hacia la paz en Medio Oriente.
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