CARLOS ALBERTO MONTANER
En 1980, poco después de salir de Cuba en condiciones dramáticas, el escritor Reinaldo Arenas recogió en un libro una colección de sus artículos y ensayos políticos y lo tituló "Necesidad de libertad".
Era un grito. Reinaldo sentía la necesidad de ser libre. Los seres humanos necesitan ser libres. Se ahogaba en Cuba. Vivía entristecido, atemorizado o indignado. Ninguna de esas tres emociones es agradable y a veces se le trenzaban en el pecho hasta la desesperación. Cuando llegó al exilio, Reinaldo sintió un profundo alivio y dijo algo tremendo y doloroso: por primera vez había estrenado su verdadero rostro. Se había "desenmascarado" y sentía la cálida sensación de poder ser él mismo sin que ello le trajera castigos y marginaciones.
En las sociedades totalitarias la pena de no ser libre y de andar disfrazado se somatiza de diversas maneras: desde el nudo en la garganta hasta un malestar difuso que se expresa con distintos comportamientos neuróticos.
¿Qué es la libertad? Es la facultad que tenemos para tomar decisiones basadas en nuestras creencias, convicciones e intereses individuales sin coacciones exteriores.
Libertad es elegir al dios que mejor se adapta a nuestras percepciones, o a ningún dios si no sentimos la necesidad espiritual de trascender. Libertad es ofrecerles sin temor el afecto a las personas que amamos. Libertad es escoger sin interferencias lo que queremos estudiar, dónde y cómo deseamos vivir, las ideas que mejor se adaptan a nuestra visión de los problemas sociales o las que mejor parecen explicarlos. Libertad es gastar nuestro dinero como nos parezca, y disponer de nuestras propiedades legítimas. Sin libertad, la creación de riqueza se debilita hasta la miseria. José Martí, el periodista que gestó la independencia de Cuba, aportó otra definición lateral: "Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía".
Pero hay mucho más: en algún punto de la evolución, cuando los seres humanos abandonaron el reino de los instintos y comenzaron a guiarse por la razón, descubrieron el agónico proceso de tomar decisiones barajando constantemente los valores morales prevalecientes, los intereses materiales y los impulsos psicológicos. Es posible contar el largo recorrido histórico de los seres humanos como la aventura constante de nuestra especie en procura de ampliar progresivamente el número de las personas dotadas del derecho a tomar sus propias decisiones.
A veces el ejercicio de esa facultad toma dimensiones heroicas. Hace unas semanas el preso político cubano Orlando Zapata Tamayo decidió morirse de hambre para protestar contra las injusticias de la dictadura. Sólo le quedaba la vida para defender su dignidad de ser humano y la entregó. A él, a su memoria dolorosa, muy conmovido, le dedico estas palabras.
[©FIRMAS PRESS]
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