ALFONSO LESSA
Ganar tiempo. Esa parece ser la clave de la estrategia de los presidentes Mujica y Cristina Kirchner para solucionar el último gran obstáculo para la normalización de las relaciones entre Uruguay y Argentina: el corte del puente por parte de los piqueteros de Gualeguaychú.
Ganar tiempo para buscar los mecanismos que permitan desactivar el piquete y calmar los ánimos luego del fallo de la Corte de La Haya. En ese sentido debe entenderse incluso el anuncio del nuevo encuentro presidencial que tendrá lugar en Anchorena.
La reunión que mantuvieron los mandatarios el miércoles en Olivos -entre quienes claramente existe una relación mucho más fluida que en los tiempos de Vázquez- constituyó un avance importante en esa dirección: fue un gesto luego de tanto desencuentro y constituyó un hecho político en sí mismo. Pero además los presidentes aprovecharon las declaraciones ante la prensa, para pasar algunos mensajes.
Y tanto el tono y el contexto de la reunión, como lo expresado por la presidenta argentina no deben haber dejado muy conformes a los promotores del piquete. En esencia Cristina Fernández hizo exactamente lo opuesto a lo que esperaban: reconoció explícitamente el fallo de la Corte Internacional y alentó el trabajo conjunto de los dos países a partir de ese mismo fallo. No dejó, por supuesto, de recordar que el conflicto tuvo su origen en el desconocimiento por parte de Uruguay de algunos artículos de la CARU, pero dijo para quien quisiera oírla y para quien no, que todo ello era pasado.
Por supuesto que la reunión puede tener más de una lectura y tal vez había quienes esperaban anuncios más concretos, pero el realismo y la prudencia constituyen elementos muy relevantes en situaciones de este tipo. No podía, por tanto, esperarse muchos más.
Mujica no habló de plazos y evitó referirse directamente al piquete, pero tampoco pidió disculpas, como se había especulado horas antes de la reunión. El presidente uruguayo, "Pepe" -como lo llamó Cristina- optó por la mesura, consciente de que acorralar al gobierno argentino, sólo dilatará el conflicto, eventualmente lo agravará e incluso lo podría dejar sin salida por un largo tiempo.
No será fácil para el gobierno argentino desmontar los engranajes de la maquinaria que ayudó a construir en la frontera y el futuro dirá si la solución está o no atada al apoyo de Uruguay a la candidatura de Néstor Kirchner a la presidencia de la Unasur. Y si además, se van dando pasos en otros asuntos como el dragado de los canales, el pasaje del gas a Uruguay y el comercio bilateral.
Hoy, "la pelota" está del lado argentino, que cuenta con la comprensión y el apoyo de Mujica y según parece del sistema político uruguayo. Habrá que esperar, pero está claro que esa espera tampoco puede ser eterna.
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