Inteligente, sagaz, alegre, vivaz y apasionado de su labor en el ámbito de la industria periodística que abordó con la intensidad y dedicación de una vocación auténtica, Carlos E. Scheck siempre señaló el rumbo revelando una capacidad de liderazgo que contribuyó a que el diario El País estuviera a la vanguardia en conceptos periodísticos, gráficos y publicitarios. Su actitud recogió una línea de acción que fue un legado de los fundadores del diario y que él, al igual que otras figuras brillantes de esta empresa, enriqueció para dar cada vez mayor estatura, proyección y repercusión al periodismo uruguayo.
Carlos Scheck siempre tuvo presente que el diario debe estar al servicio de la sociedad como elemento de información imprescindible, de formación cultural y de entretenimiento, a través de sus diferentes secciones, suplementos y publicaciones adicionales, respaldadas por la incorporación de las innovaciones tecnológicas que realzan la edición e impresión cada día. No lo tuvo presente sólo en la teoría, sino que trabajó todos los días para hacerlo realidad. Fue más allá de su cargo específico en la administración de la empresa porque entendía que el concepto de lo que es un diario y lo que significa para la gente, tiene un alcance que se amplía a medida que el mundo se transforma. Así lo concibió porque siempre lanzó su pensamiento al futuro. Fue una actitud que también lo llevó a impulsar a la televisión y los medios digitales.
El centro de su vida fue el diario, aunque su natural inquietud lo llevó a incursionar en apoyo de otras áreas como las artes plásticas, el mundo del espectáculo y el diseño de moda con una colección de grifa nacional realizada por diseñadores y artesanos uruguayos. Esas y otras actividades tuvieron en él un estímulo que no buscó otra finalidad que abrir las vías para que personas con capacidad creadora tuvieran la posibilidad de expresarse y realzar las vertientes culturales del país.
Pero, su poblada agenda cotidiana y las preocupaciones que derivaban de su labor nunca fueron impedimento para que dedicara el tiempo que fuera necesario a dar una palabra de solución y aliento a obstáculos y contratiempos que surgen imprevistamente en la vida de las personas.
Once años han transcurrido desde su fallecimiento. El tiempo no logra desdibujar la huella que dejó Carlos Scheck porque -al decir de Oliver Wendell Holmes- su obra vital tiene el matiz del calor que surge de las ideas y del corazón.
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