NUEVA YORK | NEWSWEEK
Hillary Rodham Clinton se ha convertido en la voz y la opinión decisiva para la línea dura que sigue Estados Unidos en varios frentes de la política exterior. No le resultó fácil lograrlo, tras haber sido feroz rival electoral del actual Presidente.
Fue parecido a una de las escenas de una película en que dos policías son compañeros de trabajo pero al comienzo no sienten agrado el uno por el otro y finalmente se unen al enfrentar a los malos. A mediados de diciembre último, el presidente Barack Obama y la secretaria de Estado, Hillary Clinton estaban en Copenhague, donde se habían congregado los líderes de más de cien países con la finalidad de negociar un acuerdo para combatir el calentamiento global, y la cumbre se encontraba al borde del colapso. Después, Clinton la describió como la reunión más desorganizada a la que había asistido desde sus tiempos en el consejo estudiantil de segundo año de liceo. "Se estaba desintegrando a la vista de todos", recordó en una entrevista con Newsweek, la semana pasada. Clinton y su antiguo rival político, quien ahora es el Presidente de Estados Unidos, se encontraron enfrentando a casi todo el resto del mundo. A última hora, Obama buscó una reunión bilateral con el líder de China para rescatar algún tipo de acuerdo, pero le dijeron que el primer ministro Wen Jiabao y su equipo no estaban prontos para reunirse (después de dos años de dilaciones). "No, vamos a entrar ahora", declaró Obama, mirando a Clinton. "Efectivamente", dijo ella. "Vamos".
Los dos ex rivales políticos de pronto se transformaron en la versión diplomática de Starsky y Hutch. "Sentía una responsabilidad especial porque había exhortado al Presidente a que concurriera a la cumbre", dijo Clinton. "Sabía que no habría resultados si no dábamos todo". Mientras caminaban por el amplio corredor, con el oficial de protocolo chino profiriendo palabras de protesta detrás de ellos, los dos políticos más conocidos de Estados Unidos irrumpieron en la sala de reuniones. Allí encontraron a Wen en una reunión secreta con los líderes de Brasil, India y Sudáfrica; detrás del escenario, China había intentado bloquear todos los esfuerzos por imponer estándares de medición, información y verificación del progreso de la reducción de emisiones de monóxido ce carbono. Sonrientes, Obama y Clinton dieron la mano a los presentes. El presidente se sentó y comenzó la negociación, con Clinton a su lado, quien le entregaba documentos con la posición estadounidense a medida que éste los necesitaba. Cuando los chinos finalmente cedieron, tanto Obama como Clinton sabían que eso no había ocurrido sólo porque irrumpieron en la reunión. Dos días antes, la Secretaria de Estado viajó sorpresivamente a Copenhague para llevar una oferta edulcorante que ayudaría a ganar la voluntad de los países en vías de desarrollo. En esencia, fueron US$ 100.000 millones anuales, hasta el 2020, de las naciones ricas para ayudar a las más pobres a abordar los controles climáticos.
Fue una jugada política fuerte, al estilo Hillary, y ayudó a aislar a China. Ahora, Obama cerraba el acuerdo que Clinton había planteado.
Los dos partieron de Copenhague con un triunfo parcial y un nuevo sentimiento de madurez, tanto sobre su relación como respecto de su sentido de liderazgo. Después, Clinton dijo que fueron las 48 horas más extraordinarias de su vida pública, de acuerdo con lo que relató su negociador en temas de calentamiento global, Todd Stern, lo que es mucho decir para una mujer que ha vivido a través del tumulto político durante 18 años, incluyendo varias campañas electorales por la Presidencia y el Senado. Clinton dijo a Newsweek que resultó importante que el mundo viera a Estados Unidos asumiendo el liderazgo para abordar problemas que parecen imposibles de resolver, especialmente en un tiempo en el que hay nuevas potencias en ascenso en la mesa de discusiones. "No podemos salir de la cancha y dejar que otros tomen las decisiones importantes, porque es confuso, difícil y requiere asumir compromisos. Es lo que se debe hacer hoy en el escenario mundial", afirmó. "Somos el país más fuerte del mundo, pero la manera como aplicamos ese liderazgo ha cambiado de manera dramática".
Primero, críticas y ahora elogian su visión
Después de las elecciones, le llevó cierto tiempo a Obama y Clinton para encontrar su equilibrio. Libraron una de las más fieras guerras de la historia política estadounidense y las heridas todavía estaban abiertas en los primeros meses del nuevo gobierno. Los asistentes de Clinton sentían la frialdad de los asesores de Obama, especialmente de los incondicionales como David Axelrod, Robert Gibbs y Valerie Jarrett. La imploración de Obama para que se incorporara al gobierno había sido tentadora: él estaba ocupado a pleno abordando la economía en colapso y necesitaba una persona de la estatura de Clinton para manejar la política exterior. Eso implicaba que ella tendría la voz predominante para tratar con el mundo. Le llevó un tiempo adaptarse y su estilo directo ocasionalmente provocó consternación en la Casa Blanca. Obama y Clinton empezaron a sentirse unidos en algunos viajes anteriores, pero en Copenhague realmente pudieron decir que trabajaron en conjunto.
INFLUENCIA. La transformación en compañeros fieles no está terminada, pero avanza. Algunos de los más leales asistentes de Obama sólo tienen palabras de elogio para su antigua rival política. "La verdad es que el Presidente siempre tuvo profundo respeto por la capacidad de Clinton y sus aportes al país", dijo Denis McDonough, quien formalmente es el jefe del Consejo de Seguridad Nacional, pero juega un poderoso papel fuera de escena como hombre de confianza de muchos años de Obama. McDonough asegura que Obama siempre fue hincha de Clinton, aún después de la definición de las primarias, creyó que "ella hizo de él un candidato mejor" y también haría lo mismo para su periodo presidencial. El asesor de Seguridad Nacional, general James Jones, da crédito a Clinton por ser "una de las articuladoras de la estrategia general que adoptamos sobre Irán y China".
De cualquier manera la efusividad y los elogios no cuentan toda la historia. De ambas partes hay cierta desconfianza que quizás nunca desaparezca del todo. Clinton y su equipo, instalados en el séptimo piso del Departamento de Estado, constituyen un grupo de pensamiento por sí, que es dominado por Hillary y, por supuesto, por su marido, Bill Clinton, quien ha permanecido al margen de la escena pública, pese a que su asesoramiento es buscado con frecuencia por el gobierno, como reconoce la propia Hillary. "Cuando en el séptimo piso dicen que un tema debe pasar por el Presidente, no necesariamente se refieren a Obama", dijo sin eufemismos un ex jerarca del gobierno de Bill Clinton. Algunos en la Casa Blanca, todavía dicen que Hillary es un peso liviano de la política y carece de una visión estratégica.
En los hechos, Hillary Clinton ejerce más influencia que nunca sobre las políticas del gobierno, especialmente en estrecha asociación con el ministro de Defensa, Robert Gates.
De manera sutil, aunque inconfundible, sus posiciones más duras comienzan a aparecer en las políticas definidas por el gobierno. Obama dependió a Clinton para golpear a Irán ("se está convirtiendo en una dictadura militar", declaró Clinton en fecha reciente, estableciendo el nuevo tono severo del gobierno) y para arengar al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, por su desafío a las exigencias de Estados Unidos para que congelara la construcción de asentamientos. Ella también criticó a los rusos en su zona de influencia por trabaja en una planta de energía nuclear de Irán. De manera educada, Clinton resta importancia a su papel de policía mala de Obama. "No creo que haya nada formal", dijo. "Cada mensaje duro que doy está inmerso en un contexto mucho más amplio... Decimos que tenemos mucho por hacer juntos".
PRESIÓN. Aún así, el eje Clinton-Gates fue decisivo para persuadir a Obama a que enviara 30.000 soldados adicionales a Afganistán, admitió un alto jerarca de la Casa Blanca. Clinton también ha establecido una política de "paciencia estratégica" para Corea del Norte, negándose a ofrecer nuevos incentivos al régimen de ese país para inducirlo a retornar a las conversaciones de desarme nuclear.
Respecto de Irán, Clinton y Gates han argumentado la necesidad de aplicar sanciones para cambiar la política de Obama, en su primer año, de hacer ofrecimientos sin amenazas. Inicialmente, ella apoyó esa política. Ahora, Gates y Clinton lograron el cambio que querían con un renovado impulso a una nueva resolución de Naciones Unidas con sanciones. Clinton ha hecho presión para una postura más agresiva ante Irán, planteando un paragüas defensivo de Estados Unidos sobre el Medio Oriente.
Por ahora, aunque pueda parecer extraño, Clinton parece disfrutar de la sociedad que ha hecho con el hombre al que iontentó derrotar con toda su fuerza.
Reuniones abiertas con la gente en el mundo
Su popularidad y la de Obama abren puertas en el mundo
En los meses iniciales del gobierno imperó la retórica de transformación del presidente Barack Obama, como fueron los casos de su mano tendida a Irán y sus esfuerzos por conquistar al mundo musulmán. Un alto asesor del gobierno indicó que ahora comienza a prevalecer el pragmatismo que Hillary Clinton impulsó durante la campaña electoral y también cómo ella se involucra en temas específicos para definir una línea de acción.
Por supuesto, el Presidente define la gran estrategia para que sea seguida por su Secretaria de Estado. Pero, Clinton introdujo una nueva sobriedad en los enfoques del gobierno sobre el mundo. Lo ha logrado no sólo con una línea dura, sino también con intenso trabajo: ha prestado atención a lugares olvidados, mediante viajes incesantes y actuado con gran estilo político. Ella fortaleció la unión que ya tenía con el vicepresidente Joseph Biden. Al mismo tiempo, tiene fuerte ascendiente sobre ex colegas de las comisiones más importantes del Senado, lo que da al Departamento de Estado nuevo poder en el Presupuesto.
Los encuentros públicos que sostiene en el exterior, de los que participan ciudadanos comunes y los medios de comunicación, han morigerado el sentimiento contrario a Estados Unidos en los países islamistas. Clinton menciona con orgullo una nueva encuesta de la BBC World que muestra una mejorada posición global de Estados Unidos gracias, en parte, a "la popularidad del Presidente, a mi popularidad y a la intensidad con que hemos trabajado".
También logró éxito al mantener un perfil bajo en el primer año de gobierno, mientras dejaba que enviados con experiencia como George Mitchell y Richard Holbrooke aparecieran en los títulos de los diarios, para bien o para mal. NEWSWEEK
Las cifras
54 Son los países que visitó Hillary Clinton, incluyendo Uruguay, desde que asumió como Secretaria de Estado el 21 de enero de 2009.
464 Son los miles de kilómetros que ha recorrido en avión. El tiempo total de los viajes ha sido de 637 horas, equivalentes a 26.5 días.
Apoyo: "Bill (Clinton) recibe llamadas de gente en el gobierno y ofrece asesoramiento".
Ministerio ofrecido a través del celular
Ella paseaba con Bill por el campo y Obama la llamó
"En realidad fue bastante gracioso", dijo Hillary Clinton cuando Newsweek le preguntó cómo había pasado de protagonizar una gran batalla política con Barack Obama a trabajar junto con él en el gobierno. "Ocurrió el domingo posterior a las elecciones. Bill y yo estábamos caminando en una reserva natural cerca del lugar donde vivimos en Nueva York, cuando sonó el teléfono de él. Era el Presidente electo, que quería hablar con Bill sobre algunos posibles candidatos a cargos de gobierno. Bill dijo: `Bueno, estamos caminando y es un poco extraño estar hablando en este momento. ¿Podemos hablar después?` El Presidente electo le dijo que sí y que quería que hablara conmigo para que yo lo llamara. Pensé que íbamos a hablar del mismo tema. Pero, cuando me dijo si quería ser Secretaria de Estado, le dije que debía tener en cuenta a muchas otras personas".
Hillary recordó que sintió "una obligación con la gente de Nueva York, aunque estaba muy sorprendida. Nunca lo hubiera imaginado. Iniciamos una serie de conversaciones. Pensé que si el resultado de las elecciones hubiera sido al revés, yo hubiera deseado que él estuviera en mi gobierno".
Movió los hilos para dar ayuda a Haití
Explicó el valor de las elecciones al Presidente afgano
Hillary Clinton no sólo tuvo decisiva participación en el envío de 30.000 soldados adicionales a Afganistán, sino también en una serie de visitas de alto nivel a ese país y viajó junto con su viejo colega del senado, John Kerry, para hablar con el presidente Hamid Karzai sobre el verdadero significado de las elecciones. Le relataron que participaron de las primarias, tuvieron muchos votos y perdieron. "Le explicamos cómo a veces las elecciones pueden parecer injustas. Pero, son lo que realmente marca la diferencia", indicó.
La Secretaria de Estado también impulsó la política del gobierno de ayuda a Haití. Tuvo conocimiento del horrendo terremoto durante la primera etapa de un viaje a Asia. Al cenar con asesores en Hawaii, se emocionó al decirles que conocía personalmente a varias de las víctimas del desastre. A la mañana siguiente, comenzó intensa actividad desde la sede del Comando Central del Pacífico. Durante cuatro horas hizo numerosos contactos telefónicos y movió hilos. Después, convenció a Obama para montar la masiva operación militar de ayuda. NEWSWEEK
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