ALFONSO LESSA
El esperado fallo de la Corte de La Haya cambió el escenario del conflicto con Argentina aunque no, por lo visto, la intransigencia de los líderes piqueteros. Parece claro que los dos gobiernos esperaban el fallo para afirmar una nueva etapa de diálogo que estaba siendo preparada desde algunas semanas atrás, en una operación que incluyó una sorpresiva reunión entre Mujica y Cristina Fernández.
El miércoles los presidentes se volverán a reunir ahora en el nuevo marco que brinda el fallo contrario a Uruguay en aspectos formales, pero ampliamente favorable en el fondo de la cuestión: Argentina no pudo probar la existencia de contaminación, Uruguay cumplió con sus obligaciones y la planta de celulosa seguirá funcionando. No resulta un tema irrelevante, sin embargo, que Uruguay, un país que hace del respeto de las normas un sello de calidad internacional, haya sido observado por no cumplir con las normas del tratado del Río Uruguay.
Ahora es tiempo de soluciones políticas para un conflicto con un contenido político muy importante, más allá de las legítimas preocupaciones ambientales. Toca el turno de desmontar este tinglado cargado de intransigencia, insensatez y agresividad, a quienes lo montaron, léase Néstor Kirchner y el ex gobernador de Entre Ríos, el oscuro y manipulador señor Jorge Busti, actual presidente de la Cámara de Diputados de su provincia.
Cabe recordar un poco de historia: en 2003 Kirchner había llegado a la presidencia muy débil, luego de la decisión de Carlos Menem de no presentarse al balotaje. Ante esa realidad, Kirchner se dedicó a sumar apoyos. Fue así que logró la adhesión de gobernadores como Busti. Fue en un acuerdo de conveniencia que dejó como rehén al diferendo por Botnia, que fue usado por Busti para su propio provecho político. Alentó a los piqueteros y echó todo el combustible que pudo para transformar el diferendo en un conflicto que se le fue de las manos. Y lo hizo con el apoyo claro y explícito de Kirchner quien incluso encabezó un acto en Gualeguaychú con un discurso por momentos incendiario. A partir de allí los piqueteros se transformaron en actores increíblemente relevantes de la política exterior argentina. Fueron todos esos hechos, los que llevaron al entonces presidente Tabaré Vázquez a rechazar a Kirchner como presidente de la Unasur.
Hoy, en tanto, los promotores del corte procuran generar un nuevo hecho político con una marcha sobre el puente. El fallo ha dejado a los piqueteros en una posición incómoda y buscan con desesperación aliados a cualquier costo: Uruguay, por tanto, debe cuidarse de las provocaciones.
Fueron los propios piqueteros los que presionaron a la Casa Rosada para llevar el caso a La Haya. El gobierno argentino siguió una vez más el designio de los soldados de Busti. Es decir que se hizo lo que querían los piqueteros: sólo que el resultado fue exactamente el contrario al que buscaban. Hoy lo rechazan, como rechazan todo lo que no les dé la razón.
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