ANDRÉS LÓPEZ REILLY
Viviendas infestadas de moscas propias de la fauna cadavérica. Una realidad con la que tienen que convivir muchos vecinos del Cementerio del Buceo, a raíz de una ampliación de los nichos autorizada por la Intendencia.
"Yo tengo cuatro hijos, el más chico tiene 4 años y la mayor 9. Imagínese mi situación desde que empezó esto, en octubre de 2008. Es una mosquita anormal, suicida, que se mete en el freezer, en el horno de la cocina y en el café", relata a El País Eduardo Faulord, secretario de la Comisión Pro Fomento del Barrio de Viviendas Municipales del Puerto del Buceo.
El problema se inició cuando la Intendencia de Montevideo autorizó a las empresas fúnebres Previsión y Abbate a ampliar los nichos sobre la pared Sur del cementerio. Los vecinos iniciaron individualmente una lucha silenciosa, que comenzó tocando las puertas de las autoridades y que luego llevaron hasta la Justicia. Pero ahora no saben a quién acudir.
En 2007 la Intendencia adjudicó a Previsión S.A. -a cambio de una contraprestación en especie de US$ 150.000- la construcción de 230 nichos colectivos con capacidad para 460 cuerpos, elevando el muro existente a tan sólo 16 metros de las viviendas, con las ventilaciones dirigidas hacia las mismas.
Se incrementó en 50% la capacidad de inhumación de cuerpos, pero los nichos tuvieron que ser modificados después por errores de diseño (los "respiraderos" fueron corregidos hacia adentro del cementerio). Y en el caso de los pertenecientes a la empresa Abbate, fue detenida la construcción.
"La ampliación no fue objeto de ningún estudio de impacto ambiental", asegura la comisión en un comunicado. "Nosotros preguntamos qué controles hicieron los técnicos municipales sobre las obras que realizan las empresas y sobre las contraprestaciones que tienen que dar", agregan los vecinos.
CONTAMINACIÓN. Hay quienes consideran que no tiene lógica que siga creciendo un cementerio ubicado en medio de la ciudad. Pero la realidad es que mientras allí esté, tendrá que seguir expandiéndose. Y que mientras las inhumaciones se incrementen, aumentarán los insectos propios de la fauna cadavérica si no se hacen las fumigaciones apropiadas.
En tanto, los vecinos se han visto obligados a colocar mosquiteros, mantener las ventanas cerradas los días de calor y a comer tapando vasos y platos.
Un informe de la División Epidemiología del Ministerio de Salud Pública del 12 de noviembre de 2008, señala que estas moscas "son inofensivas para el ser humano", aunque advierte que "en grandes cantidades pueden representar un riesgo para la salud, contaminando agua, alimentos y otros objetos del hogar".
Según los vecinos, la proliferación de insectos se debe, en parte, al modo en el que fueron construidos los nichos, con tapas de metal que calientan más que las de hormigón o mármol y aceleran la descomposición de los cuerpos.
Esta teoría, sin embargo, fue desestimada por fuentes de la empresa Abbate consultadas por El País. "El elemento de construcción no cambia nada. Decir que es porque la tapa es de chapa es no saber nada. Si la tapa es de mármol, de aluminio, o de madera, es lo mismo. El cuerpo se descompone igual", destacaron las fuentes.
"Dentro del cementerio, la mosquita está en todos lados. Y en el Cementerio del Norte, también. La diferencia es que en el Norte no tenés a un vecino cerca", agregaron.
Las fuentes de la empresa Abbate recordaron que la construcción de sus sepulcros se detuvo mientras la Intendencia decide qué hacer, y que "es la IMM la que decide y supervisa cómo se construyen los nichos, de acuerdo a la normativa".
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