ALFONSO LESSA
El jueves pasado, luego de reunirse con el presidente Mujica, Tabaré Vázquez reapareció de lleno en la escena política partidaria, con un discurso en el que, por sobre todas las cosas, apeló al sentimiento frentista, pero en el que también dejó lugar para "todos los uruguayos".
Fue el reencuentro explícito de Vázquez con su papel de líder partidario, pero sin descuidar su carácter de ex presidente.
No fue sorpresa, ni probablemente, un cambio en sus planes en relación al año sabático que había anunciado, para priorizar sus actividades académicas y mantenerse fuera del foco principal de la política.
En realidad Vázquez continuó siendo desde la Presidencia, más allá de las limitaciones constitucionales, el líder de la izquierda e incluso a veces realizó actos públicos en defensa de su gestión que fueron cuestionados desde la oposición por su contenido.
Su gestión supo de diferencias internas en el Frente, unas cuantas veces explícitas y públicas, pero a la hora de votar, su fuerza política terminó alineándose. Su liderazgo, sin embargo, encontró algunos límites, como el de la elección del candidato a la Presidencia: sabido es que él impulsó a Danilo Astori, pero el postulado fue Mujica, que precisamente se había destacado en muchas oportunidades por marcar distancia de Vázquez. Mujica ensayó una estrategia de dos caras: cuando lo entendió necesario para construir su propia figura, discrepó con el presidente, pero en el Parlamento actuó con lealtad y alineó a su bancada. Siendo candidato y teniendo en cuenta la popularidad del presidente, pasó a elogiarlo de manera permanente y lo utilizó como un capital político fundamental.
Pero hoy no se puede dudar acerca de que Vázquez -que salió fortalecido de la Presidencia- es el único líder indiscutido de todo el Frente. Mujica logró construir un espacio muy importante y llegó a la Presidencia con una amplia votación que consolidó su figura, pero no es el líder de toda la coalición.
Vázquez, como ha hecho otras veces con otros hechos, supo utilizar esta vez el acto por la fundación del Frente, para recordar que no desaparecerá de la política. Lo ocurrido el jueves, por lo tanto, no es contradictorio con sus anuncios sobre lo que priorizará durante el próximo año. Tampoco lo es el hecho de que no quiera asumir la presidencia de la coalición, que en esta etapa lo obligaría a asumir un rol desgastante, incluso a veces contrapuesto al de Mujica. Por fuera de las estructuras, sin embargo, tendrá libertad para manejar sus tiempos y su propio discurso.
No parece razonable esperar una actuación política partidaria que tenga a Vázquez en el primer plano de manera constante. Más bien resulta lógico aguardar una presencia intermitente que no moleste la gestión de Mujica, pero que sea suficiente para recordar su liderazgo y el hecho de que se ha transformado en un protagonista central de la escena política, incluso pensando en 2014.
Mantenga y vigile el nivel de debate y recuerde que nuestras Normas de Participación implican obligaciones y responsabilidades.