GUILLERMO ZAPIOLA
Ser el definitivo adiós cinematográfico de Heath Ledger no resulta el único aspecto llamativo de "El imaginario del doctor Parnassus", película dirigida por el norteamericano Terry Gilliam que se estrena el próximo viernes.
Por supuesto, la muerte de Ledger, que obligó a introducir algunos cambios en el proyecto original de Gilliam (determinando, por ejemplo, a que Jude Law, Johnny Depp y Colin Farrell asumieran su papel en algunas secuencias), otorga una sobrecuota de interés a la película, del mismo modo que la muy buena labor del actor en Batman, el caballero de la noche, que le valió un Oscar póstumo, acaso no habría provocado el mismo impacto si hubiera seguido vivo.
Pero el film no es solamente la actuación de Ledger y los colegas que lo reemplazaron, y conviene tener en cuenta el dato desde el vamos. El film nació como un proyecto del director Gilliam y su libretista Charles McKeown, quienes ya trabajaron juntos en Brasil y Las aventuras del barón de Munchausen y que se reunieron nuevamente en noviembre de 2006 para sacar del baúl de los recuerdos la historia de un grupo de teatro itinerante que deambula por el Londres de hoy sin que casi nadie advierta su existencia.
El guionista McKeown ha dicho que se trata de una suerte de variante de la popular serie de libros Elige tu propia aventura, en los que el lector puede elegir la página que quiere seguir leyendo, y en función de qué elección haga puede llegar a un final feliz o desgraciado.
El exótico nombre de Parnassus (el personaje interpretado por Christopher Plummer) fue propuesto por McKeown, pero sus principales características fueron aportadas por Gilliam, quien lo percibió como un individuo desajustado con respecto a su ambiente. Parnassus promete a su público el viaje a un universo donde los sueños se vuelven realidad, pero la historia tiene un lado oscuro. En la historias que cuenta a su hija y sus colaboradores, afirma tener más de mil años y haber conservado la juventud gracias al clásico pacto con quien ya sabemos. Solo que el precio prometido no es él mismo sino su hija, el plazo está por cumplirse, y la posibilidad de rescatar a la chica radica en el canje por otras almas. El teatro del doctor Parnassus es también una trampa.
Parnassus tiene poderes mentales para controlar al prójimo, y algún observador se ha preguntado "por qué no domina el mundo". El director responde: "No quiere gobernar el mundo. Quiere que el mundo se gobierne a sí mismo". La idea, más bien subversiva, tiene que ver con la lucha de la gente creativa, de los artistas que buscan inspirar a otros, "animándoles a abrir los ojos para apreciar la verdad del mundo, aunque muchos no lo consiguen".
En opinión de Gilliam, el personaje de Parnassus y su adversario no son exactamente Dios y el diablo, aunque funcionen como algo parecido: él prefiere definirlos como "demiurgos", las divinidades intermedias platónicas, poderosas pero no omnipotentes.
Naturalmente, uno de los reales problemas que el film enfrentó a cierta altura del rodaje fue la súbita y trágica muerte de Ledger. Había filmado solamente parte de sus escenas, y Gilliam y su equipo no querían prescindir de ellas. Pero no les alcanzaban, y hubo que inventar una salida.
La solución fue proporcionada por el propio carácter fantástico de la obra. Se decidió que el personaje de Ledger poseía el poder de transformar su apariencia física, y adoptar a lo largo del relato diversos aspectos. A partir de ahí se eligió a Depp, Farrell y Law para que proporcionaran los "otros rostros" del personaje, un aporte que los actores entendieron también como un homenaje a su colega desaparecido.
El diablo de Waits
El cantante Tom Waits es alguien famoso en el film. "Soy el propio demonio", ha dicho. "Es co- mo si se tratara de un curioso interrogante. ¿Có- mo hace uno de demonio? ¿Cómo se interpreta un arquetipo tan amplio, tan profundo históricamente? Finalmente me di cuenta que tan sólo tendría que interpretarme a mí. Mi propio demonio. Es mi manera de interpretar al diablo"
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