GUILLERMO ZAPIOLA
Hoy a las 19:30, en Cinemateca Uruguaya, en el local de Lorenzo Carnelli 1311, se presenta el primer tomo de "Obras incompletas", una amplia antología de la obra del maestro de periodistas Homero Alsina Thevenet.
En la oportunidad, los asistentes podrán debatir los criterios en la selección de los materiales con los responsables del trabajo, Álvaro Buela, Elvio Gandolfo y Fernando M. Peña, a quienes acompañarán Manuel Martínez Carril y algún otro periodista local. Desde ya puede adelantarse, empero, que se trata de un real acontecimiento.
Como trabajo editorial Obras incompletas, que promete extenderse a lo largo de cuatro o cinco tomos, es una proeza. Como aporte a la cultura (no solamente cinematográfica) uruguaya, un momento en la historia. El primer tomo que sale ahora, y que consta de más de ochocientas nutridas páginas, abarca notas de Alsina desde sus comienzos hasta los tempranos cincuenta, el período en que trabajó fundamentalmente en Cine Radio Actualidad y Marcha, antes de pasar a El País. No solo reúne sus críticas de cine y sus ensayos más largos sobre algunas personalidades de la pantalla, sino también polémicas, algunos comentarios de libros, sus respuestas en un servicio de consulta de los lectores y su aporte a la sección de Marcha "La mar en coche", que se encargaba de divulgar disparates ajenos.
El libro aparece organizado en una serie de bloques que incluyen un glosario con algunas definiciones "alsinianas", por ejemplo, la palabra "sobrina", alusión a un ente probablemente imaginario a quien el periodista debía tener en cuenta a la hora de escribir una nota. La pregunta a plantearse es así "¿Esto lo entendería mi sobrina?". Si la respuesta es negativa, hay que rescribir.
Siempre es un placer releer a Alsina, y en algunos casos leerlo por prima vez: al fin y al cabo, hay en la selección notas escritas hace setenta años. Meterse en el libro sirve también para comprobar que el maestro era capaz de corregir sus opiniones originales cuando reveía una película (su nota original en Marcha sobre Pasión de los fuertes de Ford es más reticente que la muy admirativa que publicó en El País cuando la película se reestrenó una década después), y también para reencontrarse con admiraciones persistentes.
Aunque aquí y allá quepa discrepar con algunas de sus opiniones tajantes (sobre Leo McCarey, sobre el verdadero papel que Cecil B. DeMille jugó en la industria del cine aunque no necesariamente en la historia del arte, sobre parte de la obra de Hitchcock), es difícil imaginar que se pueda escribir algo mejor de lo que él lo hizo sobre algunas de sus fidelidades: sus notas sobre Welles o Stroheim, sus críticas de Qué verde era mi valle de Ford o La heredera de Wyler dicen exactamente lo que hay que decir sobre esos autores o esos films, sin un adjetivo de más, con una puntería infalible para llamar la atención sobre el detalle significativo, con la otra preocupación (casi maniática) por el dato exacto que no se agota empero en el mero chisporroteo de erudición sino que aporta una mejor comprensión de lo que se está comentando. Ese estilo transparente se fue depurando con el tiempo, como también lo demuestra la lectura de estas Obras incompletas.
Espíritu agudo y polémico
No es solamente un libro sobre cine. Estas Obras incompletas incluyen también polémicas de Alsina sobre políticas culturales y temas anexos con el Sodre, el Ministerio de Instrucción Pública, la Iglesia Católica, el Partido Comunista y colegas mal informados. También hay algunas páginas de crítica literaria, entre ellas una extensa, discutible (y bastante reticente) valoración de La vida breve de su gran amigo Juan C. Onetti.
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