Alfonso Lessa
Militares. El discurso de Mujica fue histórico, tanto por el gesto que implicó, como por su contenido: un ex jefe guerrillero que se dirige a los militares asegurándoles que no busca revancha.
Reconciliación. Mujica ha abundado en señales destinada a lograr un clima de concordia. Cada uno de sus gestos, entonces, no debe tomarse como un hecho aislado, sino como parte de una estrategia.
Izquierda. Defender los derechos humanos, reclamar respecto a lo que ocurrió en el pasado aquí y eludir lo de Cuba -o aun justificarlo porque encarna la "resistencia al imperialismo"- no parece coherente.
Un inusual discurso pronunciado por el presidente Mujica ante 350 miembros de las Fuerzas Armadas, marcó esta semana un nuevo mojón en la clara intención del mandatario de despejar obstáculos y generar un ambiente positivo en torno a su administración.
El discurso de Mujica fue histórico, tanto por el gesto que implicó, como por su contenido: un ex jefe guerrillero que sufrió condiciones de detención inhumanas, que se dirige a los militares asegurándoles que no busca revancha y que por el contrario procura la unidad nacional; y que valora la tarea de las Fuerzas Armadas para ponerse a la cabeza de las mismas.
Desde el momento mismo de asunción e incluso desde antes, Mujica ha abundado en señales destinadas a lograr un clima de concordia tanto en lo estrictamente político, como en lo que tiene que ver con el pasado reciente: desde la participación de la oposición en los entes, a su polémica afirmación de que no quiere viejos en las cárceles. Cada uno de sus gestos, entonces, no debe tomarse como un hecho aislado, sino como parte de una estrategia.
Mujica no ha dicho en momento alguno que vaya a dar marcha atrás con los juicios y la búsqueda de restos de desaparecidos, pero ha tratado de quitar dramatismo y presión al asunto. Pero tal como podía suponerse, algunos de los principales cuestionamientos en este camino, empiezan a lanzarse desde sectores de la izquierda y organizaciones afines.
Todo este proceso viene desarrollándose en el Uruguay, mientras otro viejo fantasma se sacude con una fuerza inusual, pegando directamente en el corazón de la izquierda: Cuba.
Resulta evidente para casi todo el mundo, que el viejo régimen castrista no da para más. "Se cae a pedazos", ha dicho el propio Mujica.
Hubo un tiempo en el que el tema cubano era intocable para la izquierda que cerraba filas y decía ver en cualquier crítica, la acción de la derecha o del lobby cubano. O todo se buscaba diluir en otras experiencias dramáticas, incluyendo las recientes atrocidades cometidas por Estados Unidos en Guantánamo.
Hoy la realidad es tan dura, que abrió una grieta por la que se cuelan las críticas en la propia izquierda, más allá del provecho político que quieran sacar de ello determinados sectores o los cubanos de Miami, parte de los cuales constituyen un verdadero obstáculo para una apertura.
Hay quienes sin embargo siguen defendiendo contra viento y marea al régimen y niegan lo evidente. Se plantea la reciente muerte en prisión del disidente Orlando Zapata como una excepción y se olvidan los abundantes juicios sumarios -parodia de juicios, todos políticos y sin garantía alguna- que incluso determinaron los oscuros fusilamientos del general Arnaldo Ochoa (héroe de la revolución) y del coronel Tony de la Guardia. No cabe duda que cuando se corra el velo, como ocurrió con la Rumania de Ceaucescu, por ejemplo, se conocerán muchas cosas muy duras.
Hoy, la izquierda en el gobierno y Mujica en particular, se ven enfrentados al derrumbe de un régimen en el que los derechos humanos no son respetados y la libertad es una palabra ausente. Las mismas organizaciones internacionales que eran aplaudidas en el pasado por sus denuncias sobre la dictadura uruguaya, son las que denuncian lo que ocurre en Cuba. Y no se las quiere oír. Nada indica que este proceso vaya a revertirse, más bien lo contrario. Y el gobierno uruguayo y la izquierda en general, en algún momento, deberán decir algo.
Defender los derechos humanos, reclamar respecto a lo que ocurrió en el pasado aquí y eludir lo de Cuba -o aun justificarlo porque encarne la "resistencia contra el imperialismo"- no parece coherente.
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