Una prueba extraordinaria de voluntades entre Estados Unidos e Israel ha dejado al gobierno del presidente Barack Obama en una posición más ventajosa para negociar con su mejor aliado en el Medio Oriente y con las naciones árabes a fin de mediar un acuerdo de paz con los palestinos.
Estados Unidos seguramente volverá a reunir a Israel y los palestinos en unas conversaciones preliminares más de una semana después de los duros intercambios verbales sobre la construcción de viviendas israelíes en la zona oriental de Jerusalén, que los árabes y muchos estadounidenses consideran una expansión de su territorio.
El panorama se podría aclarar en los próximos días cuando la secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton se entreviste con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en Washington, a partir del lunes, y el enviado especial estadounidense al Medio Oriente George Mitchell reanude el domingo sus gestiones.
El encuentro de Netanyahu con los funcionarios estadounidenses probará los límites de la influencia estadounidense sobre su aliado y la actitud del primer ministro con los elementos más derechistas de su coalición gobernante.
El incidente entre Estados Unidos e Israel comenzó cuando el estado judío anunció los planes de construir 1.600 apartamentos en la zona oriental de Jerusalén, que los palestinos reclaman como su capital de un futuro estado independiente. El anuncio fue formulado durante una visita a Israel del vicepresidente Joe Biden, lo que dejó a la Casa Blanca en una posición muy incomoda cuando creía que estaban a punto de comenzar las conversaciones indirectas entre Israel y los palestinos. La Liga Arabe retiró rápidamente su respaldo a las negociaciones preliminares, que Mitchell debía presidir.
Los palestinos quieren que Israel detenga toda la construcción en los asentamientos de Cisjordania y Jerusalén oriental, ya que quieren formar su estado propio con esos territorios más la Franja de Gaza.
Clinton condenó a los israelíes por el anuncio e incluso puso en duda el compromiso del estado judío con sus relaciones de seguridad con Washington. El sábado, el secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-moon dijo durante una visita a Cisjordania que los asentamientos israelíes son ilegales y debe ser detenida su expansión.
Empero, Estados Unidos dio a Netanyahu un respiro político al mismo tiempo que le encajaba una deuda política que Washington espera le obligue a encarar más decididamente sus conversaciones de paz con los palestinos.
Desde el punto de vista árabe, el deseo de la Casa Blanca de enfrentarse a Netanyahu sobre un tema clave en el proceso de paz es una prueba de la neutralidad estadounidense.
Pocas son las posibilidades de llegar a un acuerdo adelantado, pero las negociaciones en casi cualquier condición son un triunfo diplomático para Obama, que durante su campaña electoral prometió dar prioridad al proceso de paz y no aguardar las condiciones perfectas que quizá nunca se produzcan.
Las negociaciones fracasaron hace más de un año, en los últimos días del presidente George W. Bush.
AP
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