ANDRÉS LÓPEZ REILLY
Después de tantos comentarios disparados por el cambiante estado de ánimo de Axl Rose, el melón cuadrado que pidió para la cena y el talle de su cintura, los Guns n’ Roses pisaron suelo uruguayo y —sin dudas— dejaron su huella.
Es verdad, no son los Guns n’ Roses originales. Son una buena banda —sobre todo muy profesional— tocando nota por nota aquellos clásicos compuestos o versionado por Axl y Slash, uno de los mejores guitarristas del hard rock de todos los tiempos. Era obvio, los músicos seleccionados por Axl tenían que estar a la altura de las circunstancias y de un pasado "glorioso".
La banda se plantó con dos muy buenos guitarristas, por momentos excedidos en sus ejecuciones. Alguien dijo una vez: "para qué tocar todas las notas si se pueden tocar solo las mejores". Y muchos años atrás —parafraseando esa sentencia— Norberto Napolitano (Pappo), reconoció después de haber madurado como músico: "ahora siento que con menos notas, puedo decir más cosas".
Por momentos, se sintió que las guitarras estaban sobredimensionadas. Y no era para menos: parecería que los nuevos "violeros" sienten que tienen que superar al hombre de la galera de hule, Slash, aquel que sabe combinar "las notas justas" con la velocidad en la ejecución cuando es necesario.
Aún sin haber cenado su melón cuadrado, Axl demostró ser un profesional en el escenario Que era lo que importaba: lo demás forma parte del folclore del rock (dos palabras que aún en la antípodas se complementan).
Axl presentó un show de casi tres horas en el que destiló adrenalina de principio a fin. Si algo no puso, fue porque no lo pudo poner. Por momentos, su voz —literalmente— desaparecía. Algún desprevenido pudo pensar que fue un problema de sonido, pero no. Incluso parecería que sus ingenieros intentaban solucionar ese "pequeño inconveniente" subiéndole el volumen, por lo que su voz se aceleró muchas veces de 0 a 10 en un segundo. No pasa solo con él, también con "veteranos" como Robert Plant (ex Led Zeppelin) o Ian Gillan (Deep Purple).
Pero eso no es nuevo en Axl: vimos a los Guns en 1992 en Argentina, en su época de gloria, y ya tenía ese problema.
¿Qué el show empezó a la 1.30? El rock and roll es así. Quizás, a quienes seguíamos a los Guns hace 20 años, hoy nos cueste acostarnos tan tarde.
¿Qué está gordo?… ¿Qué tiene que ver?... ¡Es un cantante, no un bailarín!... Y por lo general, la gente está más gorda 20 años después. La mejor época de Elvis Presley era cuando usaba sus trajes king size y transpiraba a mares cantando frente a un piano blanco. ¿Que deberíamos decir entonces de las siluetas de B.B. King, Barry White o Ella Fitzgerald? O no vayamos tan lejos, Rada es mucho mejor cantante ahora que cuando era un "flaquito" al frente del Totem.
Una nota aparte, sin dudas, fue el montaje de tamaño espectáculo, que dará que hablar por mucho tiempo. ¿A quién se le ocurre poner una plataforma de sonido frente al escenario que parecía un edificio de siete pisos y tapaba el 70% de la visual? Desde los anillos superiores, no se veía absolutamente nada.
En fin, un toque para el recuerdo. ¡Que vengan otros ahora!
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