Leonardo Guzmán
En 1964 -último colegiado, blanquicolorado-, la Comisión de Inversiones y Desarrollo publicó cuatro gruesos tomos con la radiografía del Uruguay. En aquel primer compendio de números y conceptos, el equipo de Enrique Iglesias joven ya señalaba que para crecer, al país le hacía falta unificarse en una mística.
En los años siguientes hicimos todo lo contrario: nos fracturamos en guerra interna primero y en dictadura después. Y en los años subsiguientes, nos emocionamos al reencontrarnos en la libertad recuperada pero, olvidando que somos 3 millones y medio en un mundo de 6.000 millones, regamos y abonamos las chacras sectoriales en el corporativismo económico y sindical más aun que en lo político; y ahogamos la creatividad.
Llegó 2010 -segundo gobierno frenteamplista. En discurso solemne, el Presidente don José Mujica, declara que los hechos de cuatro décadas atrás mantienen en la conciencia ciudadana abiertas sus zanjas, pero por sobre ellas nos convoca a todos a encolumnarnos hacia grandes proyectos comunes. Declara, pues, igual que la ex CIDE, que al Uruguay le hace falta unificarse en una mística.
¡Pero Señor, ¿qué nos falla para que pasemos medio siglo proclamando con buena fe finalidades que no encarnamos en obra?! ¡¿Hasta cuándo separar el pensar del actuar?!
La respuesta la barruntó, en reportaje de El País, el Ing. Jorge Grünberg, Rector de la Universidad ORT, cuando dijo que "llegó el momento de proponer una visión estratégica desde la sociedad civil, porque los partidos políticos, los líderes de los medios, los líderes educativos, los líderes empresariales y las elites gobernantes han fracasado en proponer una alternativa para el siglo XXI".
Ese naufragio de intenciones es patente y se cruza con las cantilenas según las cuales el destino de las personas depende del gobierno, del Estado y de la organización de la sociedad, ocultándoles que dependen de sí mismas, de su pasión por saber y del cultivo de su voluntad.
El Rector Grünberg agrega que quienes se asoman al mundo van aprendiendo que sólo se prospera si se aplica productivamente la inteligencia, por lo cual "para conseguir salarios altos, buena calidad de vida y un medio ambiente controlado", el Uruguay debe crear un nuevo contexto educativo, donde, por ejemplo, todos terminen Secundaria, que hoy apenas concluye menos del 40%, "una proporción con la cual ningún país puede aspirar a producir inteligencia".
Es tiempo de escuchar esta clase de llamados, que le dan argumento de vida a las nuevas generaciones y le ponen tema a la mística de la acción práctica, en cuya necesidad vienen a concordar los asépticos técnicos y los comprometidos guerrilleros de 40 años atrás.
Es tiempo de sembrar aumentando la exigencia y ampliando el horizonte de cada persona, en vez de achatar y adocenar destinos.
Es tiempo de hacer prácticos a los enseñantes teóricos y, sobre todo, es tiempo de sembrar teoría -ideas claras, precisión, modelos matemáticos, creación- en quienes, por querer ser sólo practicones, siembran la haraganería mental y al país le bajan, a la vez, el PBI, el Derecho y el alma.
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