Ricardo Reilly Salaverri
Diversas realidades y razones llevan a generar un mejor clima político nacional y expectativas positivas compartidas hacia el futuro inmediato. Pero, en lo internacional la tiranía castrista vuelve a estar en el tapete, respaldada por encumbrados personeros del Frente Amplio.
El protagonismo excede a la desastrosa realidad política, económica y social impuesta al oprimido pueblo isleño. Refiere a los presos de conciencia encarcelados y torturados al infinito por el solo hecho de alzar su voz sufrida de rebeldía. Que padecen de torturas sin fin y llegan en la cumbre de la desesperación a la huelga de hambre, que en un caso reciente ha llevado a la muerte mártir de Orlando Zapata y que parece conocerá de sacrificios similares por estos días.
La huelga de hambre llevada hasta sus últimas consecuencias no conoce de muchos antecedentes. Las de mayor notoriedad ocurrieron en Belfast, Irlanda, cuando la superada confrontación con Inglaterra, y no hubo desenlaces fatales. Es opinión fundada la que dice que nunca se llega a la muerte. Lo que multiplica la significación del sacrificio autoimpuesto por las víctimas de los hermanos Castro.
Desde algunas malheridas democracias y tiranías latinoamericanas, sus mentores sostienen que las leyes que el despotismo ha impuesto a los cubanos independientes presos por defender los derechos humanos y las libertades fundamentales, están bien. Por lo que los presos, torturados y muertos por la lucha de los libres, bien castigados están. También que los países democráticos y ricos con atrevimiento opinan sobre lo que sucede en los pobres y débiles, y que no están autorizados para hablar de derechos humanos.
Desde la óptica democrática tan censurable es la conquista de Irak, como las andanzas rusas en Chechenia, las gigantescas carnicerías a que dan lugar las luchas entre bandos tribales africanos, los crímenes chinos descargados contra los abanderados de la democracia, y cualquier otro atropello a valores republicanos que en nuestro país han sido buscados afanosamente, generación tras generación, desde su primera independencia.
No obstante, la muletilla de adosar a las naciones de mayor éxito y poder, una suerte de culpa que les impediría opinar en temas de sensibilidad humanista universal, sirve para ignorar que su sitial se debe a que han sabido generar progreso humano más allá de guerras de conquista y violaciones al derecho internacional. De las que todo el mundo se beneficia.
Modernamente los ingleses -inventores del fútbol, el tenis, el golf, el rugby y otras perceptibles opciones deportivas populares- lideraron en la capacidad de inventiva y el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Hoy les siguen los Estados Unidos, Japón y Alemania, en tal liderazgo, junto con otros países europeos.
Censurar sus excesos políticos sin condicionamientos es válido. No obstante, respetarlos y emularlos en lo mucho que tienen de extraordinario también. Es lo que les da liderazgo y autoridad, para opinar políticamente. Y, a lo que la ceguera de la mediocridad latinoamericana ignora.
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