Ruben Loza Aguerrebere
Sin duda, mañanero lector, recuerda "Los santos inocentes", la novela o bien la película con ese título. El texto lo debemos a Miguel Delibes, uno de los mayores escritores españoles, quien a los 89 años, ha levantado el vuelo, hace muy pocos días. Ahora que ya descansa en paz en el Panteón de Vallisoletanos Ilustres, en el lugar de los escogidos, podemos dar paso al recuerdo.
Miguel Delibes, escribiendo sus historias del mundo rural, logró obras universales y se convirtió en uno de los pilares de las letras españoles del siglo XX.
Obtuvo innumerables premios a lo largo de su carrera, de los que cabe destacar el Premio Cervantes, el Príncipe de Asturias, el Nacional de Narrativa y, además, el "Vocento", que le fue otorgado por el Rey Juan Carlos por sus Valores Humanos, destacando al "hombre íntegro y completo" y al literato que ha sabido "narrar sin prejuicios, con honradez y grandeza de espíritu lo auténtico y esencial".
Miembro de la Real Academia Española desde 1975, este magnífico escritor (sus inicios fueron como periodista en "El Norte" de Castilla), se dio a conocer con "La sombra del ciprés es alargada", obteniendo el Premio Nadal (en el año 1948). Luego, fue edificando una obra riquísima, con títulos como "La hoja roja", "El camino", "Mi idolatrado hijo Sisí", "Cinco horas con Mario" y "Parábola del náufrago".
Escribió cuentos (como los escribía también el gran Cervantes, y ahora no se leen), apuntes de viaje, piezas de teatro y novelas. Sus textos son ceñidos; sus libros breves y enjutos, pura fibra. Su prosa, ajena a las palabras y los gestos altisonantes, lograba, como pedía André Gide, "decir lo más, con lo menos".
La obra novelística de Miguel Delibes, asimismo, enriqueció el cine español. En su juventud ejerció la crítica de cine; luego, el séptimo arte fue prolongación de su existencia literaria, ya que sus novelas dieron lugar a trabajos destacados de directores de primera fila. Además de "Los santos inocentes", baste recordar "El camino" y "La guerra de papá".
Lo esencial, en la obra de Miguel Delibes, es la perspectiva irónica ante el pequeño retablo en torno, la rememo-ración de la infancia y la recuperación de las esencias del ámbito rural. Ajeno al mun-danal ruido, confesaba haber hallado los jugos de su que-hacer literario en "la solidaridad, ternura, mutuo respeto, amor".
Fue un hombre de corazón abierto, que declaraba tener "el convencimiento de que todo ser ha venido a este mundo para aliviar la soledad de otro ser". Estas palabras espejan cuanto escribió.
El escondido licor de la tierra le dio su grandeza. Esa que despierta apenas tomamos en las manos sus libros en reposo. Su voz nos sigue hablando.
NOVEDADES EDITORIALES. La canadiense Margareth Atwood, premio Príncipe de Asturias de las Letras y candidata al Nobel, dueña de vasta obra novelística, es también poeta. En estos tiempos en que los libros más exquisitos casi no se editan, se ha publicado su poemario titulado: "Historias reales" (Bruguera). Afortunadamente. Es una voz mayor de la poesía anglosajona, cuya lectura resplandece, hoy, entre tantos libros inútiles, cuando todos escriben.
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