DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
Apenas arribó a Washington, el vicepresidente Joe Biden se dirigió al Departamento de Estado para dialogar con Hillary Clinton sobre lo sucedido durante su visita oficial a Israel. El viernes la secretaria de Estado, luego de un largo análisis de la situación con Barack Obama, dio una especie de "ultimátum" al gobierno israelí y altos voceros de la administración afirmaron que, en los últimos 35 años, las relaciones entre ambos países nunca estuvieron tan tensas como ahora.
En la conversación que Clinton mantuvo con Benjamín Netanyahu dio cuenta del malestar de la Casa Blanca con la sorpresiva actitud del gobierno israelí y "exigió", en un tono calificado de severo por allegados, tres medidas inmediatas para dar vuelta el clima de crispación existente y permitir reanudar las conversaciones de paz. El primer planteo insistió en revertir el anuncio de la semana pasada del proyecto para construir 1.600 viviendas en una zona en disputa en Jerusalén. Luego Clinton reclamó "un gesto importante hacia los palestinos" (se habla de la liberación de presos o la entrega de territorio de Cisjordania) y una declaración oficial que permita tener la certeza de que todas las cuestiones básicas del conflicto israelí-palestino, abarcando el estatuto de Jerusalén, entrarían en la agenda de las próximas conversaciones con los funcionarios estadounidenses.
"Debemos contar con una garantía firme de que este tipo de cosas que ocurrieron durante la visita de Biden no vuelvan a suceder", señaló un vocero oficial. El informante fue terminante también en manifestar que la paz en Medio Oriente es uno de los puntos fundamentales para la seguridad de EE.UU. y no ocultó que el gobierno americano estima que "cualquier incumplimiento de Netanyahu para adoptar las decisiones surgidas de las conversaciones entre ambos países sería observado negativamente y llevaría a extremos de alta tensión las relaciones con Israel".
A su vez el enviado especial de EE.UU., George J. Mitchell, que tenía pasajes para visitar oficialmente la región ayer con el fin de iniciar conversaciones directas con las dos partes, decidió suspender la partida a la espera de una respuesta israelí a los planteos de Clinton.
Se comentaba ayer que funcionarios israelíes habían manifestado en Washington que "sería políticamente peligroso para Netanyahu revertir la reciente decisión (y no se sabe si tiene autoridad legal para concretarlo). El anuncio de la vivienda fue llevado adelante por un comité de planificación regional. Se decía en Washington que si el primer ministro israelí declara el asunto de los asentamientos como cuestiones fundamentales en el mismo nivel que las fronteras, los refugiados y Jerusalén, a incluir, podría dividir la coalición de gobierno de Netanyahu y obligarlo a dimitir o recibir un voto de censura.
Hasta última hora de ayer el gobierno de Israel no había dado respuesta al planteo de Clinton y se dudaba que llegara de inmediato. Las palabras de Netanyahu ante el Parlamento israelí en el sentido que no darían un paso atrás en la aprobación de nuevos asentamientos, resultaba para los americanos, un implícito rechazo. En tanto internamente en EE.UU. se escucharon voces, aun en el seno del Congreso, de cierta disconformidad con el camino emprendido por la Casa Blanca. En los pasillos se repetía que se le hacían llegar severas exigencias a Israel y no se comprometía a los palestinos en la misma forma. El lobby judío en EE.UU. es el más poderoso y hace sentir su peso en los sectores de poder.
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