CIUDAD JUÁREZ | AFP Y EL PAÍS DE MADRID
Agentes del FBI llegaron ayer a Ciudad Juárez para investigar el asesinato de tres personas vinculadas al consulado de Estados Unidos. Este fin de semana murieron unas 100 personas en ataques vinculados al tráfico de drogas en la frontera.
México arde por los cuatro costados. El asesinato de una joven pareja estadounidense en Ciudad Juárez, ametrallada en presencia de su hija minutos después de entrar en territorio mexicano procedente de El Paso, en EE.UU., se sumó a las decenas de muertes violentas registradas este fin de semana en todo el país, sobre todo en el Estado de Guerrero, donde la pugna de los carteles de la droga dejó una sembrada de cadáveres en la turística Acapulco.
El presidente Barack Obama, a través de un comunicado, expresó su indignación por los "brutales asesinatos" de la joven pareja y de un mexicano también vinculado al consulado de EE.UU. en Ciudad Juárez y ofreció su apoyo al presidente mexicano, Felipe Calderón, que hoy tiene previsto regresar a la ciudad fronteriza, donde miles de policías y soldados no logran frenar la matanza.
Washington decidió cerrar el consulado de Ciudad Juárez para evaluar su dispositivo de seguridad. El portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley, dijo que "el consulado estará cerrado mañana (por hoy, martes) para revisar su dispositivo de seguridad (...). Estamos indignados. Queremos que los asesinos sean presentados ante la Justicia", añadió.
Las autoridades mexicanas señalaron que, según "información intercambiada con agencias federales estadounidenses", se ha establecido como línea de investigación que los agresores "pertenecen a la pandilla de `Los Aztecas`", unos sicarios a sueldo del cartel de Juárez. Así lo informó el gobierno de Chihuahua en una nota que envió a la prensa.
"Los Aztecas" es una banda formada a fines de los años 90 por mexicanos detenidos en cárceles estadounidenses y se convirtió en el principal soporte del cartel de Juárez en su defensa de las rutas de tránsito de drogas.
Este fin de semana, los medios de prensa mexicanos tuvieron que utilizar una fórmula rápida para dar fe del horror.
En Acapulco, la ciudad más turística del Estado de Guerrero, entre el sábado y el domingo murieron 45 personas y los diarios tuvieron que ser concretos: "Madrugada del sábado. A las 4.42, a la altura del poblado de Tres Palos, se encuentran los cuerpos de cinco personas ejecutadas. Dos de las víctimas están decapitadas. A las 4.50, a la altura del mirador de las Brisas del Marqués, en plena zona turística, son localizados dos cuerpos. Estaban atados de manos, con huellas de tortura y habían sido decapitados. A las 6.33…". Así hasta llegar a los 45.
Pero, a las 14.30 horas de ese mismo sábado, la policía fue avisada de que una camioneta blanca marca Toyota y con matrículas de Tejas acababa de ser ametrallada en Ciudad Juárez. Sus dos ocupantes, una joven pareja estadounidense, murieron en el acto. En el asiento de atrás, una niña de siete meses lloraba.
Mientras una mujer policía acunaba al bebé, sus compañeros identificaron a las víctimas. La mujer era Lesley Ann Enríquez Catton, empleada del consulado de EE.UU. en Ciudad Juárez. Su marido, Arthur H. Redelf, trabajaba en la prisión de El Paso.
Unos minutos después, la policía recibió otro aviso. Apenas a unas cuadras de allí, un hombre identificado como Jorge Alberto Salcido acababa de ser asesinado al volante de su vehículo. Estaba casado con otra empleada de la embajada norteamericana. Sus hijos, de cuatro y siete años, han resultado heridos en la emboscada.
Las dos parejas habían ido a recoger a sus niños a la fiesta de cumpleaños del hijo de otro funcionario de la Embajada.
Un portavoz de Obama no tardó en difundir un comunicado de condena. Y la secretaria de Estado Hillary Clinton fue más allá: "Haremos lo necesario para proteger a nuestra gente".
El Departamento de Estado autorizó a los empleados de sus seis consulados del Norte de México a que saquen a sus familias del país y dispuso que patrullas policiales custodiaran los alrededores del Consulado, tras una amenaza de bomba.
Hacía tiempo que el narcotráfico no se atrevía a atentar de forma tan directa contra sus vecinos del Norte. Hay que remontarse a 1985, cuando un agente encubierto de la Administración de Cumplimiento de Leyes sobre las Drogas fue asesinado.
Pero la violencia desaforada ya no sólo es patrimonio de esa ciudad sin ley. Los cárteles se están disputando a tiro limpio Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas y hasta en las calles del Distrito Federal están empezando a descubrirse cuerpos degollados. La sensación de inseguridad se extiende por todo el país, y plazas que hasta ahora estaban en calma se han convertido estos días en escenario de una batalla campal entre el Ejército y los sicarios de los distintos cárteles del narcotráfico que pelean entre sí.
Un ejemplo es Reynosa, la ciudad más poblada del norteño Estado de Tamaulipas. Los jóvenes tienen que ir a la escuela escoltados por los militares y el secuestro de ocho periodistas provocó el enmudecimiento de toda la prensa local. La consecuencia es que los ciudadanos tienen que avisarse entre sí del lugar donde se están produciendo tiroteos y qué calle fue cortada por tal o cual banda de narcotraficantes.
Ante la falta de una explicación oficial, empiezan a aparecer informaciones que hablan de una cacería generalizada contra sicarios del cartel de Los Zetas, auspiciada o al menos tolerada por las autoridades.
En Ciudad Juárez viven 1,3 millones de personas y es considerada la localidad más violenta de México, con más de 2.600 asesinatos en 2009. Desde hace tiempo está siendo disputada por los cárteles de Juárez y Sinaloa, según informes de la fiscalía mexicana.
El miedo afecta a la economía
CIUDAD JUÁREZ | El clima de inseguridad hizo que el turismo y la economía mexicana comenzaran a resentirse.
Las visitas de estadounidenses -en su mayoría empresarios- a México se redujeron ostensiblemente, en algunos casos hasta en un 60% en relación al año anterior.
Además, esta última explosión de violencia coincide con la visita a Acapulco y a las playas del Caribe, principalmente, de los springbreakers, jóvenes norteamericanos que aprovechan su período vacacional para divertirse y tomar sol en México. Ellos suponen en este momento el 70% de la ocupación hotelera de Cancún, que empezaba a recuperarse del desastre provocado el año pasado por la epidemia de gripe H1N1.
El gobierno de Barack Obama acaba de emitir una nueva alerta en la que desaconseja a sus ciudadanos viajar a México, además de autorizar la retirada de las familias de sus funcionarios en los consulados.
El miedo a las balas de los narcotraficantes, temen los empresarios mexicanos, puede resultar más devastador para el turismo que el miedo a la gripe A. AFP Y EL PAÍS DE MADRID
Murieron 15.000 personas
Desde 2006 hasta el presente, 15.000 personas fueron asesinadas en hechos vinculados al narcotráfico en Ciudad Juárez. El gobierno de México dispuso que 50.000 militares se dedicaran al control de los cárteles en todo el país y destinó a 6.000 uniformados a Ciudad Juárez, donde sus esfuerzos no alcanzan a silenciar la violencia. Además, el Congreso estadounidense aprobó el desembolso de 1.300 millones de dólares en tres años de la iniciativa Mérida, para apoyar la lucha antidroga de México.
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