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Desde el 27 de noviembre del pasado año en que, en las inmediaciones de su mansión, sufrió el accidente de tránsito del que se desprendieron sorprendentes revelaciones acerca de su infidelidad conyugal, Tiger Woods no había vuelto a formular declaraciones públicas, período de silencio que clausuró el 19 de febrero último, cuando en cadena de televisión empleó tan solo trece minutos para exponer su arrepentimiento por la conducta "irresponsable y egoísta" en que incurrió. Expresó, además: "Sabía que mis acciones eran incorrectas, pero me convencí de que las reglas normales no me regían. Me equivoqué. Fui un tonto. Pido perdón". (Agrego, de yapa, que días después recibió la valiosa solidaridad de "Bill" Clinton, que de esta materia sabe mucho).
Su engañada esposa, Elin Nordegren, no estuvo a su lado: siguió, sí, la trasmisión por TV, acaso imaginándose un desfile de las 19 mononas de diferentes profesiones y/o vocaciones, que se esmeraban en la preparación de sabrosos menús sexuales para ser consumidos vorazmente por "el Tigre".
El primer golfista del mundo se reservó el derecho de hablar a solas con Elin, entorno a un variado temario titulado "Tiger y su pasión por los hoyos", donde el campeonísimo demuestra que la capacidad de embocar en ellos va más allá de los links, extendiéndose al hogar y fuera del mismo.
En otro pasaje de su breve y jugosa charlita en horarios que no abarcan la protección al menor, Woods adelantó: "Tengo planes de regresar algún día. Simplemente, no sé cuándo será ese día. No descarto que sea este año".
Pues, no tardó en saberlo. Ya está practicando nuevamente su juego favorito, palo en mano y pelotita en césped. Era bastante previsible que su alejamiento de los escenarios golfísticos no sería muy largo. El hombre no podía abandonar los hoyos por mucho tiempo, con el riesgo de que se fuera oxidando su puntería, universalmente elogiada.
Contrarrestando con la ausencia de su nuera al set de la confesión, la mamá de Woods sí estuvo presente, conteniendo su emoción mientras el hijo hablaba; cuando éste finalizó, ambos se estrecharon en un fuerte abrazo valorizado aún más por un cariñoso beso.
La escena tenía olor a tanto. Parecía escucharse la voz de Tiger: "Perdón, viejita". Es probable que encuentre eco en el corazón materno: pero, será difícil que una súplica semejante resuene en el alma de Elin. Hay diferencias grandes entre "La casita de mis viejos" y "Andate con la otra".
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