ALFONSO LESSA
La semana que pasó mostró al nuevo presidente uruguayo, José Mujica, dando una importante prioridad a las relaciones internacionales: a la ceremonia de su propia asunción, que le permitió mantener contactos directos con personajes tan disímiles y relevantes como Hillary Clinton y Hugo Chávez, siguieron su participación en la toma de mando de Sebastián Piñera y la visita al primer mandatario boliviano, Evo Morales.
Además, ya se anuncian, entre otras, una visita de Mujica a Lula, un líder de gran prestigio internacional y al que el nuevo mandatario uruguayo ha expuesto una y otra vez como su modelo y que preside la gran potencia regional.
Esta primera salida de Mujica ha sido significativa: empezó por un Chile en el que asumía la presidencia un político considerado de derecha. Podría argumentarse que lo empujó la coincidencia de fechas y que estaba obligado a participar del cambio de mando en Chile, pero no parece ser el caso. Claramente Mujica estuvo porque quiso y lo entendió necesario para su propia estrategia internacional y para la del Uruguay.
La visita a Bolivia, presidida por un personaje absolutamente distinto a Piñera -en muchos sentidos su cara opuesta- fue el complemento desde todo punto de vista.
Además, Mujica tuvo tiempo para mandar un mensaje a los piqueteros de Gualeguaychú: según se informó, consultó con el gobierno argentino y no dará un paso hasta el fallo de La Haya, exactamente lo mismo que estaba haciendo el gobierno de Tabaré Vázquez.
Alguna gente suele cuestionar los viajes presidenciales y las cumbres internacionales.
Esos cuestionamientos que muchas veces han estado teñidos de ideología, no tienen en cuenta la realidad de un mundo cada vez "más chico" y en el que los movimientos de un país termina afectando a todos. Hubo un tiempo en el que las relaciones internacionales estaban dominadas por lo político, hoy sin embargo ha ganado espacio la dimensión económica y comercial.
Y este es precisamente uno de los mayores retos del nuevo gobierno: el impulsar una política internacional realista, profesional, abierta, libre de prejuicios y equilibrada. En cierto sentido las cosas son mucho más complejas que en aquel mundo de la Guerra Fría, dividido en "buenos y malos". Hoy la política comercial tiene un peso enorme en las relaciones internacionales y el diálogo directo entre los actores es fundamental. Con el impacto de su asunción y su participación en las ceremonias de Chile, Mujica ingresó al "club de los presidentes" con una imagen positiva, que siguió el camino que ya le había abierto la administración Vázquez como primer gobierno de izquierda en el país. Y que en muchos sentidos sigue también con principios fundamentales establecidos a lo largo de décadas por el Uruguay como Estado.
Pero el desafío de Mujica en materia internacional no es sólo fronteras afuera, ya que seguramente deberá enfrentar fantasmas del pasado y superar las presiones internas de los sectores del oficialismo aún influenciados por prejuicios ideológicos.
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