NEWSWEEK
Con la clase media de Occidente hundiéndose en deuda y desesperación, muchos economistas ven una nueva clase media de mercado emergente como el posible cimiento de una nueva era de seguridad y prosperidad globales.
La clase media siempre ha sido el bastión de la sociedad. Aristóteles creía que era el arma secreta de la democracia: la protectora de los valores sociales, la moderadora del extremismo político, una muralla de la razón ante lo que se hace por imposición, y la que cree en una sociedad regida por la ley y no por un régimen autoritario. También ha sido el motor del crecimiento económico, que creó las condiciones, hace siglos, para la expansión del capitalismo y el comercio global, y la que arrebata todo nuevo invento o servicio que tiene a la vista.
A medida que China, Brasil, Turquía, India, Indonesia y otras grandes naciones en vías de desarrollo se hacen más prósperas, siempre se estimó que se convertirían en algo similar a lo que son los suburbios de Washington DC o Londres: bastiones liberales, democráticos y orientados al libre mercado, no sólo del consumismo de estilo occidental, sino también de la libertad política. Con el paso del tiempo y con riqueza, deberían ser iguales a los grandes países desarrollados.
Entonces, ¿cómo deben interpretarse recientes hechos, en los que la clase media brasileña aplaude el mayor control estatal de la industria petrolera para mantenerla fuera del alcance de las codiciosas empresas extranjeras, o la continuación de la popularidad del ruso Vladimir Putin entre la clase media de Rusia, que ahora es el 78% de la población?
También está el apoyo de la clase media al crecimiento del Islam conservador en Indonesia, que ha impulsado una nueva ley contra la pornografía y que pronto puede crear ciudades, en las cuales toda la comida debe ser servida de acuerdo con estrictas normas islamistas.
La realidad es que estos nuevos fenómenos no se están convirtiendo en algo igual a las clases medias de las naciones desarrolladas. El grupo crece más rápido de lo esperado, tanto en número como en riqueza. El año pasado, 70 millones de personas se incorporaron a la clase media de los mercados emergentes, con ingresos entre US$ 6.000 y US$ 30.000.
Se han convertido en "la historia de la década", según el economista jefe de Goldman Sachs, Jim O`Neill, y superarán a sus pares occidentales en poder de gasto global dentro de dos décadas. El presidente de Morgan Stanley para Asia, Stephen Roach, estima que entre cinco y diez años, sólo en Asia, la clase media de los mercados emergentes puede llenar el vacío dejado por los consumidores estadounidenses excedidos en sus gastos.
Los mercados emergentes ya están robusteciendo los balances de muchas empresas de Occidente. Los chinos compraron más autos que los estadounidenses el año pasado, en tanto India tiene tantos usuarios de Internet como Estados Unidos.
Para 2030, más de nueve de cada diez teléfonos celulares serán propiedad de personas en el mundo en vías de desarrollo, con India y China liderando. En fecha reciente, Coca-Cola pronosticó la duplicación de ingresos mundiales a US$ 200.000 millones durante la próxima década, gracias a que se espera que 1.000 millones de personas más se incorporen a la clase media para 2020.
Sin embargo, la convergencia de ingresos no está generando valores compartidos. La burguesía emergente es una colcha de retazos de contradicciones: ruidosa, pero rara vez en actitud de confrontación política, a favor de la globalización, pero altamente nacionalista, orgullosa de la movilidad en ascenso de sus países, aunque insegura y temerosa de retroceder, fieramente individualista, pero dependiente de subsidios estatales, y con frecuencia, socialmente conservadora.
Muchos de esta elite en ciernes parecen dispuestos a dejar que los poderes -ya sean autoritarios o surgidos de elecciones- tomen las decisiones, en la medida en que distribuyan el botín del crecimiento.
A los Estados que controlan, como es el caso de China, les va mejor que a las zonas suburbanas de EE.UU. Un estudio realizado por el Centro Pew en 2009 sobre la clase media global descubrió que, en general, sus miembros apoyan ideas democráticas como la libertad de expresión y las elecciones libres.
Sin embargo, los expertos de Pew y de otros ámbitos señalan que muchas veces la clase media está dispuesta a sacrificar esos ideales para tener prosperidad. También está dispuesta a asumir riesgos políticos.
En Brasil y en Rusia, la clase media está más preocupada por no pasar hambre que por la libertad de expresión, y desconfía de casi todas las instituciones democráticas.
inflexión. En China, los habitantes de las zonas rurales, que todavía ven muy pocos beneficios del auge económico de su país, tienen mayor tendencia a apoyar la democracia que la clase media urbana, que ahora constituye tres cuartas partes de los cuadros del Partido Comunista.
Los nuevos sectores que han accedido a la prosperidad pueden ser muy diferentes de sus pares de Occidente. En Indonesia y Turquía, gran parte de la clase media está formada por musulmanes devotos que optan por votar y llevar el velo islámico.
En los últimos 10 años, la idea occidental de que la libertad política es un requisito para la libertad económica ha perdido credibilidad en el este.
A medida que Occidente declina en su influencia económica y política y los modelos orientales comienzan a dar prosperidad y estabilidad, el vínculo se deshilacha.
En la actualidad, un mayor número de rusos apoya a "un líder fuerte" por sobre la democracia que hace diez años. La nueva clase media de Rusia está entre los más fervientes partidarios de la continuación de la dupla Vladimir Putin-Dmitryi Medvedev.
"Al igual que el resto de la sociedad, la clase media ha aceptado el paternalismo del gobierno de Vladimir Putin y permanece apolítica y apática", señala Masha Lipman, del Centro Carnegie, en Moscú.
Lo mismo ocurre en China, donde la clase media es más probable que haya favorecido la liberalización política antes de las protestas en la Plaza Tiananmen, en 1989, que en la actualidad. La democracia puede traer libertad, pero también puede traer el caos.
En China y Brasil, que les ha ido bien durante la crisis financiera, existe un creciente sentimiento de que no necesitan consejos externos respecto de cómo estructurar sus sociedades. "La crisis de Asia fue el punto de inflexión en ese sentido", indica Homi Kharas, de la Brookings Institution, que estudia a la nueva clase media global. "Esos países comenzaron buscando la liberalización a su manera y a su propio ritmo, y les ha ido bien. Ahora ven su éxito como el fruto de su propio esfuerzo", pese a que lo lograron bajo los sistemas de libre comercio y finanzas establecidos por Occidente.
Los líderes de los mercados emergentes comprenden que el sistema occidental generó el auge económico mundial del último cuarto de siglo, que terminó cuando se produjo el colapso de Lehman Brothers, hace 18 meses. Ahora, el auge está, esencialmente, en los mercados emergentes y los líderes de esos países optan, de manera creciente, por alterar los modelos occidentales a sus características nacionales.
Un mayor control del Estado probablemente se convierta en la norma, a medida que a países como China y Brasil les vaya bien. Los mercados emergentes gigantes -Sudáfrica y Turquía, entre otros- también se mostrarán más agresivos en cuanto a valerse por sí mismos.
"Por ejemplo, en China, la generación más joven y rica tiene más arrogancia y es más probable que asuma riesgos. Cada vez está más a cargo", sostiene John Lee, experto en política exterior del Centro de Estudios Independientes de Sydney (Australia).
"Empujarán con más fuerza para defender los intereses de su país en áreas como el comercio exterior y política exterior".
La clase media de los mercados emergentes probablemente esté más de punta con sus pares de Occidente, pero también consigo misma.
RIVALIDAD. Ruchir Sharma, de Morgan Stanley, considera que las viejas rivalidades simplemente serán reemplazadas por nuevas: por ejemplo, los indios se muestras menos obsesivos respecto de Pakistán y más preocupados por el ascenso de China. De igual manera, viejas amistades entre países como India y Rusia se enfriarán a medida que esos países desarrollen diferentes caminos y vean que tiene menos aspectos en común.
También vale la pena tener presente que la nueva clase media es psicológicamente impulsada por una extraña mezcla de orgullo e inseguridad.
Casi 30% de la nueva clase media de Brasil tiene como medio de vida el mercado informal, donde los ingresos son irregulares, la asistencia social no existe y las oportunidades de emprendimiento son pocas.
Muchos han se han abierto hacia más altos niveles de vida mediante endeudamiento, lo que quizá sea un motivo por el cual el 53% dice que vive bajo el temor del desempleo, la pérdida de ingresos y hasta la quiebra. Se han beneficiado de la explosión de colegios privados, pero han visto cómo se desplomó la calidad general de la educación, erosionando uno de los clásicos caminos de la clase media hacia la movilidad social.
"Todavía no sabemos cuán sostenible será el ascenso de la nueva clase media", dice el experto en ciencias políticas brasileño, Amaury de Souza. En la medida en que el nuevo grupo es precario, su capacidad para influenciar el cambio político también lo será.
En efecto, algunos economistas desarrollistas argumentan que los pobres serán una fuerza mucho más importante para el cambio social.
Los nuevos consumidores del mundo en vías de desarrollo pueden haber desencadenado tremenda energía para el gasto. Pero es mucho menos segura su capacidad de convertirse en una fuerza que impulse un gobierno mejor, mayores libertades, menos corrupción y más libertad económica. Tienen un largo camino por recorrer antes de ser iguales que en los países desarrollados.
Las cifras
7 Son los millones de personas que se incorporaron a la clase media este año, con ingresos de entre 6.000 y 30.000 dólares.
10.000 Son los millones de personas que los expertos calculan que se incorporarán a la nueva clase media antes de que llegue 2020.
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