MATÍAS CASTRO
Axl Rose pidió un melón cuadrado para su estadía en Uruguay. Además él, o más bien su manager, envió la lista de elementos que no pueden faltar cuando esté aquí. Es ciertamente una lista larga y exigente. Es frecuente que vengan artistas extranjeros de distinto porte y muchos de ellos tienen su propia lista de exigencias. Luis Miguel es uno de ellos. Todos piden ropa de cama de tal o cual tipo, habitaciones con ciertas características, aguas de marcas específicas, frutas con determinadas características y muchas otras cosas. Y como uno no suele pensar sus contratos de trabajo en esos términos, exigencias de ese estilo suelen sonar a caprichos.
Son caprichos si se toma en cuenta, por ejemplo, que beber agua Evian (marca que muchos exigen en sus contratos de actuación) no dará al organismo un beneficio mayor al que aporta un agua mineral uruguaya o argentina.
No son caprichos si se piensa que esto es parte de un modo de vida y no algo antojadizo.
El tema de las exigencias no se aplica para cualquier celebridad. Esto suele venir acompañado de una formación que hizo que la persona en cuestión se haya criado con otra idea del mundo, o según cómo se lo mire, sin idea del mundo alrededor. En el caso concreto de Axl Rose (y esto se repite para muchas estrellas de la música y del cine), cuando él tenía poco más de veinte años una discográfica le vio potencial, le alquiló una casa en Los Angeles, les dio mucho dinero, les puso mucha gente a su servicio y les dijo "hagan lo que quieran, pero denme un disco". Muy poca gente puede reaccionar con coherencia ante un planteo así. Así que Axl y los suyos hicieron lo más lógico, y se subieron a la nube que les ofrecían, volaron y se alejaron de la Tierra. Elogios, giras mundiales imparables, decenas de miles de fanáticos gritando por doquier, dinero infinito, asistentes y lacayos a la orden las 24 horas y muchas cosas más formaron eso que lo llevó a pedir su melón cuadrado. Lo que puede haber dentro de su cabeza es una historia aparte.
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