MATÍAS CASTRO
Cuando se alcanza cierto grado de celebridad y riqueza, se comienza a ver el mundo con otros ojos. Por ejemplo, se puede elegir un apartamento en función de si gusta o no el estilo del arquitecto que hizo el edificio. Se puede buscar una casa de veraneo atendiendo nada más que a lo alejada que esté de los lugares por donde pasa gente. O se puede salir a buscar casa nueva exigiendo que los dueños no estén presentes durante la primera visita.
Se podrá decir que no es necesario ser una estrella anglosajona multimillonaria para ejercer estas prácticas y que cualquier persona de buena posición económica en Uruguay puede buscar una casa Bello & Reborati para mudarse, sin necesidad de entrar en la categoría de rico (o al menos de lo que se considera "rico" fuera del país). Pero lo cierto es que los ejemplos citados al comienzo surgen de un informe que publicó hace un tiempo el New York Times, donde se entrevistaba a agentes inmobiliarios que se especializaban en trabajar con gente del espectáculo en Estados Unidos. El ejemplo sobre la figura que exigía que no haya nadie en la casa que visitaba para una posible compra era de Madonna.
Sin hacer un mayor esfuerzo de imaginación y sabiendo unas pocas cosas más, se puede ver que ese tipo de requerimientos son solo una parte vistosa de modos de vida que parecen muy distantes de los de una persona común y corriente, como cualquier lector de este espacio. Detrás de esas historias de inmuebles hay mil y un detalles que desde la calle se pueden ver como caprichos, pero que forman parte de la vida normal de una persona.
Todo esto viene a cuento de la llegada de Axl Rose y Guns N`Roses a Uruguay. Esta semana volvimos a escuchar y leer sobre las interminables listas de requisitos que plantea el cantante para su estadía en Montevideo (y en cualquier lado) como parte de su contrato. Desde afuera son caprichos (¿un melón cuadrado?), desde su óptica son requisitos tan normales como exigir que el ómnibus te lleve en un tiempo razonable desde tu casa a tu trabajo.
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