GUILLERMO ZAPIOLA
Es un film valioso y extraño, difícil de clasificar, que arriesga pasar desapercibido y al que conviene tener en cuenta. Se titula "Eso ya pasó", ha sido dirigido por la austríaca Anja Salomonowitz, y ya está disponible en DVD.
Tal vez la definición menos inexacta que pueda aplicársele es la de "documental reconstruido". Su tema es la trata de blancas en Europa (especialmente de mujeres indocumentadas) y el procedimiento elegido por la directora Salomonowitz dio comienzo con una esmerada investigación previa para reunir casos reales contados por las propias víctimas de ese tráfico. La película no es, sin embargo, la transcripción literal (que podría haber dado lugar a uno de esos convencionales documentales del tipo "cabezas parlantes") de los testimonios en cuestión, que son unos cuantos y bastante representativos: la chica cuyo novio resulta un entregador, la mujer casada a la que su marido secuestra con la complicidad de una vecina, la empleada doméstica de una embajada extranjera que trabaja como una esclava.
La recolección de testimonios fue solo el punto de partida. A partir de ellos, Salomonowitz optó por elaborar un guión que luego alcanzó a un elenco de no profesionales, relacionados de una manera u otra con los lugares y ambientes en que ocurrieron las historias. Un oficial de aduana, el habitante de un pueblo, el barman de un burdel, una diplomática y un chofer de taxi narran en primera persona, como si hubieran vivido lo que cuentan, esas historias reales que les sucedieron verdaderamente a otros.
El "truco" (si cabe la palabra) es que quienes aparecen ante las cámaras no son las víctimas del tráfico, sino gente que por sus actividades y profesiones conocen de cerca el tema. No protagonistas, pero sí, de alguna forma, "testigos implicados", culpables o más bien "responsables" (en el sentido amplio de que todos somos responsables, por acción u omisión, de lo que les sucede a nuestros congéneres) de los dolorosos hechos que se denuncian a lo largo de la película. Todos los "actores" de la película (y cabe llamarlos así, porque de hecho están actuando un guión que se escribió para ellos) están lo suficientemente bien enterados de lo que cuentan como para hablar de ello con propiedad, aunque aparezcan atribuyéndoselas acciones que en la realidad fueron protagonizadas por otros.
El resultado, que es valioso como testimonio y como cine, aparece cuidadosamente pensado para generar una dosis de inquietud en su espectador. Desde que las fronteras de la realidad y la ficción se borronean, también lo hacen las seguridades del espectador, a quien no se le ofrece la oportunidad de regodearse con el padecimiento ajeno y sentirse pletórico de "buena conciencia". El recurso de "distanciar" los testimonios a través de ponerlos en labios de terceros amortigua la identificación emocional ("esas pobres mujeres") y abre más bien el cauce de la reflexión. Los hechos y lugares son auténticos. Quienes los cuentan, en cierta forma, también. Pero al mismo tiempo el film introduce una cuota de extrañeza al estilizar el material, esmerarse en la construcción de cada escena, escamotear el mero registro detrás de la reconstrucción.
El solo hecho de escamotear a las protagonistas reales detrás de ese artificio es un interesante recurso estético. Lo que el espectador ve es una Austria prolija, cuidada y apacible, donde a primera vista no puede ocurrir nada malo. Pero, al mismo tiempo, lo que se cuenta es atroz. A esas alturas, el film no es solamente sobre la trata de blancas o el maltrato a mujeres desgraciadas, sino más ampliamente el cuestionamiento de toda una sociedad.
De la directora Salomonowitz se sabe que nació en Viena en 1975, ha sido actriz y libretista, y esta es su quinta película como directora. Por ella fue galardonada en la Viennale `07 y el Forum del Ci- ne Joven del Festival de Berlín.
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