JORGE ABBONDANZA
Guillermo Fariñas, psicólogo y periodista cubano, comenzó hace catorce días una huelga de hambre. Con esa medida protesta por la muerte de Orlando Zapata, el albañil de 42 años que falleció el 23 de febrero luego de mantener durante 85 días su propio ayuno en una cárcel de Cuba. El común denominador de ambos es la militancia como opositores al gobierno castrista, junto a los reclamos para lograr una apertura política. Como respuesta, la policía detuvo a Zapata en marzo de 2003 acusándolo de desacato y desorden público, luego de lo cual fue condenado a 18 años de prisión que más tarde se convirtieron en 36, bajo régimen de aislamiento. A Zapata lo enterraron el 25 de febrero, mientras "se arrestaba temporariamente o impedía salir de su casa a cientos de activistas", para impedirles concurrir al acto.
Las autoridades cubanas niegan la calidad de opositores a los disidentes, calificándolos como mercenarios pagados por EE.UU., mientras definen a Zapata como "preso común con largo historial delictivo y para nada vinculado a la política". Pero luego de la muerte de ese hombre, el gobierno cubano enfrenta nuevos episodios incómodos, porque Fariñas no está solo en su huelga de hambre. Lo acompañan desde una cárcel de máxima seguridad otros cuatro militantes que siguen los pasos de Zapata y piden la liberación de 33 prisioneros políticos. Eso no es todo, porque Amnistía Internacional acaba de otorgar la categoría de "preso de conciencia" a Darsi Ferrer, un médico cubano con actividad en grupos disidentes, arrestado en 2009 por comprar artículos en el mercado negro. Se trata del 55º cubano al que Amnistía concede ese aval.
Por el momento, Fariñas declaró públicamente que mantendrá "hasta las últimas consecuencias" su huelga de hambre. En esas declaraciones agregó que persigue tres objetivos: que no quede impune "el asesinato" de Zapata, que sean puestos en libertad 22 periodistas que figuran entre los presos políticos y que "si el gobierno de los hermanos Castro determina que yo debo morir, lo haré para demostrar al pueblo que lo ocurrido con Zapata no fue una excepción". Con anterioridad, Fariñas estuvo tres veces preso por sus actividades como opositor.
Tales situaciones deberían conmover a todos los que luchan por defender los derechos humanos. El miércoles 3, en el Senado uruguayo, la bancada oficialista se opuso a una declaración propuesta por los partidos de oposición que pedía "garantizar libertades" en Cuba. Un legislador de la coalición de gobierno preguntó "por qué el Senado no se pronuncia cuando caen bombas sobre Afganistán". Eso iba dirigido "a los que están tan preocupados por Cuba". En verdad, quienes se sienten comprometidos con los derechos humanos y con la causa de la libertad, deberían preocuparse igualmente por ambos casos -el de los afganos y el de los cubanos- entre otros que también amenazan la suerte de los hombres en este mundo, desde Irak hasta Corea del Norte, por ejemplo.
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