MATÍAS CASTRO
Hace poco más de dos semanas habían robado el apartamento de Mónica Farro en Mar del Plata. Esta semana le tocó el turno a Matías Alé. "Fue víctima de la inseguridad", escribía un periodista del portal Primicias Ya sobre el segundo caso, y sin darse cuenta estableció un puente con un tema que hace más o menos doce meses se comenzaba a gestar como uno de los mayores puntos de debate del 2009 para la farándula argentina: la inseguridad. Es que si roban a un famoso ya no queda forma de protegerse porque nadie vive con más privilegios que ellos. Al menos eso es lo que tiende a razonar el imaginario popular que magnifica estos hechos.
El robo a Mónica Farro fue un hecho bastante mencionado en los medios de prensa. Por una parte incidía el factor de la popularidad de esta uruguaya en la vecina orilla, alimentada por el éxito de la obra de teatro de revistas que representaba en Mar del Plata. Por otra parte el hecho coincidió con los festejos de su cumpleaños y, además, ella misma se ocupó de largar la sospecha de que el robo había sido planificado y dirigido por alguien que la conocía.
Independientemente de las suposiciones de Farro y de la reacción de Alé (según Primicias Ya "no encuentra consuelo y está muy dolido por el robo"), el hecho es que estas dos historias parecen volver a poner el tema en el tapete. El año pasado nos agotamos de escuchar a los famosos argentinos debatir sobre el tema, pidiendo unos la pena de muerte y otros diciendo que todo el alboroto no era más que una campaña de desprestigio contra el gobierno. No hubo figura de la farándula que mantuviese su boca cerrada ante la cuestión, todos tenían algo que decir y estaban escandalizados, ya sea porque consideraban terrible el tema de la inseguridad o porque consideraban terrible la febril verborragia que había despertado. Farro y Alé son mediáticos y saben hacer ruido cuando quieren. Habrá que ver si lo que les pasó da pie a que la interminable discusión vuelva a calentarse.
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