Jorge Grünberg
El rector de la Universidad ORT advirtió que las elites políticas, comunicacionales y culturales fracasaron en la generación de una "visión alternativa estratégica para el siglo XXI". En ese contexto llamó a la sociedad civil a formular sus propios reclamos.
Pablo Melgar
-En un reciente discurso en Maldonado, usted afirmó que "llegó el momento de proponer una visión estratégica de país desde la sociedad civil, porque los partidos políticos, los líderes de los medios, los líderes educativos, los líderes empresariales, las elites gobernantes del país han fracasado en proponer una visión estratégica alternativa para el siglo XXI". En ese contexto, ¿qué tienen para aportar las elites intelectuales?
-Se esperaría de los más educados de la sociedad que tengan una mejor visión de lo que pasa en el mundo y pudieran comunicar una visión distinta, que tendría costos, porque a la sociedad uruguaya le cuesta cambiar, tendrían que decir la verdad al país. Las elites no le quieren decir la verdad al país porque eso tiene costos políticos y de insatisfacción entre quienes los apoyan. El país no puede sostener el modelo productivo que ha sostenido en el siglo XX, con muchas personas envejecidas, un sector público muy grande y una emigración que no cesa. Las elites que hemos viajado y visto como han hecho los países como Uruguay para prosperar, sabemos perfectamente que solo se puede prosperar con la aplicación productiva de la inteligencia humana.
-¿De qué manera se podría llevar a la práctica?
-Para conseguir salarios altos, buena calidad de vida, un medio ambiente controlado, se requieren cambios. Tendríamos que contar con un nuevo modelo educativo, una inserción distinta, una flexibilización del mercado laboral y la creación de un mercado de capitales. En definitiva, se requiere varios cambios que van contra la historia y la mentalidad uruguayas. Por eso no se le dice la verdad a la población. Es por eso que creemos que las demandas se deben producir desde la sociedad civil.
-En ese contexto, ¿cómo analiza la visión del presidente Mujica y de la oposición política en el sentido de incrementar la importancia de la educación?
-A nivel de declaraciones hay una oportunidad política de confirmar voluntades y hacer cambios. Sin embargo, cuando se sacan las conclusiones lógicas de la necesidad de cambiar, que es que habrá costos para corporaciones que hace mucho tiempo que trabajan de determinada manera, entra una parálisis. Por eso la sociedad civil debe movilizarse y exigir de las elites que de una vez por todas modernicen el país, digan la verdad y pongan un programa a mediano plazo. La gente está dispuesta a sacrificarse, pagando sus impuestos o postergando algunas cosas, en la medida que vean un horizonte y, si dice quién será el responsable de cumplir y explica los costos y beneficios, la población va a acompañar.
-¿Qué objetivos habría que alcanzar para llegar a esas transformaciones?
-Tendríamos que plantearnos que todos los uruguayos terminen la educación secundaria. Hoy la termina menos del 40 %, un país en esas condiciones no puede aspirar a ser un productor de inteligencia. Deberíamos aspirar a tener un sistema universitario de nivel internacional en que se formen cantidades no muy grandes de profesiones que ya están superpobladas sino que tengamos graduados y posgraduados en las áreas estratégicas del país. Habría que cambiar la actitud frente al riesgo, se debería crear un mercado de capitales que estimule a las personas a no emigrar ni ser empleados, sino a generar emprendimientos. Hay que crear una infraestructura de clase mundial. Con el monopolio de Antel eso no se puede hacer. No se puede tener las dos cosas, o se mantiene el monopolio de Antel o se tiene una infraestructura moderna de comunicaciones. Hay que elegir. Ahí entra la parálisis.
-¿Por qué sale a decir estas cosas?
-Porque hay una gran oportunidad. Tenemos un presidente muy sensible a la necesidad de cambiar y que está menos atado que otros a las tradiciones históricas uruguayas. Tenemos partidos de oposición que están sintonizados con el presidente con estos grandes temas. Por eso estoy pidiendo que esta oportunidad no se pierda en declaraciones y que se transforme en programas de Estado con decisión, rendiciones de cuenta y resultados al final.
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