RAÚL MERNIES
El lunes, mientras el presidente José Mujica daba una charla en la Torre Ejecutiva, una mujer llegó a su despacho sin ser detenida. Ayer, mientras el mandatario estaba de viaje en Chile, cuatro guardias custodiaban la entrada al piso 11 del edificio.
La mujer que entró "como perico por su casa" a la Torre Ejecutiva y llegó hasta la oficina de José Mujica, en el piso 11 del edificio, puso en evidencia la vulnerabilidad del servicio de vigilancia del Presidente.
Aunque no hubo desde entonces una orden oficial de efectuar un control más riguroso para el acceso a la torre, ayer -mientras Mujica asistía al traspaso de mando en Chile- dos funcionarios de seguridad de Presidencia y otros dos, de la seguridad personal de "Pepe", hacían la guardia en el piso 10, al que se accede fácilmente.
Sobre la vereda que da a la Plaza Independencia hay tres puertas automáticas con la inscripción "Presidencia", pero sólo una está habilitada. Detrás de cada puerta, una mampara de vidrio con la bandera de Uruguay estampada impide la visión hacia adentro, y la única manera de pasar hacia el otro lado es por los laterales.
Del otro lado de la mampara sí se puede observar hacia afuera. Allí dan la bienvenida cuatro personas: dos mujeres, debajo del cartel de "Recepción", y dos hombres en un escritorio sin cartel. Son de seguridad: los detalan el traje y la camisa ajustados, el "handy" en la mano y la "cucaracha" en la oreja.
"Señor, ¿en qué le puedo ayudar?", pregunta una de las mujeres amablemente. Ante la respuesta "Voy a comunicaciones", pide la cédula del visitante y le entrega un cartel con la inscripción "Visitante - 1° Piso".
"Señor, cuélguese el identificador porque si no le van a hacer problema cuando baje del ascensor", replica uno de los musculosos de traje.
Al salir del ascensor, ya en el primer piso, no había nadie en "Recepción", por lo que el "visitante" comenzó a subir por las escaleras hacia el 2° nivel.
En cada planta, frente a la escalera, que en lugar de paredes está rodeada por vidrios, un escritorio con un vigilante le da la espalda a los escalones.
Al llegar al cuarto nivel uno de los guardias se percató de que alguien subía las escaleras y preguntó: "¿A dónde va, señor?", con voz precipitada. "Al piso 10", respondió el visitante, que recibió un amable "¡Pero suba por el ascensor, hombre!".
Hay dos líneas de ascensores en la Torre Ejecutiva: la que usan los visitantes (que llega hasta el piso 10), y la que usan los empleados (que llega al piso 14). Como el de la visita demoraba, el "intruso" atravesó un pasillo y subió al piso 10 por el elevador de los funcionarios.
Al abrirse la puerta en esa planta, los cuatro hombres encargados de la vigilancia se pusieron de pie y comenzaron a hacer preguntas: "¿A dónde va?", "¿Cómo llegó hasta acá si tiene cartel de visitante de primer piso?", "Permítame su identificación, señor". La identificación estaba en recepción, donde el "Visitante" había dejado la cédula.
"Vengo a ver a la secretaria", replicó vagamente el custodiado intruso. Pero no lo dejaron subir al nivel 11, al que se accede por otra línea de escaleras que corre en sentido perpendicular al resto.
"Tiene que bajar y pedir que le cambien el cartel. Con el de Piso 1° no puede estar acá", explicó el funcionario.
El visitante bajó, explicó que pretendía ver a la secretaria del Presidente, le devolvieron la cédula y le pidieron que se retirara del edificio.
Seguridad insegura
Durante la administración Vázquez hubo dos episodios de violaciones a la seguridad que tuvieron resonancia entre la opinión pública. Un periodista de un canal local fue protagonista de uno, luego de ingresar al Palacio Legislativo con una cámara y "robar" una estatuilla sin que nadie le dijera nada. Otra caso fue el de un hombre que entró armado al edificio anexo al Palacio.
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