GUILLERMO ZAPIOLA
¿Alguien necesitaba de una secuela de la versión musical de "El fantasma de la Opera"? La respuesta a esa pregunta ya es ociosa porque, necesaria o no, la secuela ya existe.
El pasado martes se estrenó en el Adelphi Theatre de Londres Love never dies, prolongación del anterior Fantasma musical también creado por Andrew Lloyd Webber, el coautor de Jesucristo Superstar y Evita.
Esta continuación traslada la acción de París a Nueva York, y al año 1907. Aunque Gaston Leroux se había asegurado de que el personaje muriera debidamente al final de su novela famosa, sus adaptadores musicales se han arreglado para dotarlo de una sobrevida, enviarlo a Estados Unidos, y hacerlo dirigir un circo en Coney Island.
Su amada Christine ha alcanzado el `status` de cantante famosa, sigue casada con el galante Raoul, y su antiguo y casi espectral mentor se empeña en que vuelva a cantar para él. La construcción de un nuevo teatro de ópera en las cercanías le ofrece la oportunidad que estaba esperando. Es inevitable que también vuelva a plantearse el triángulo inventado para el musical original y la película anterior entre el Fantasma, Christine y Raoul.
La partitura de Love never dies fue compuesta por Andrew Lloyd Webber para salpicar un libreto escrito por él mismo junto con Frederick Forsyth (el novelista que escribió El día del chacal y Los perros de la guerra), Glenn Slater y Ben Elton. Las letras de las canciones corrieron por cuenta de Slater. Webber ha explicado que la principal razón para trasladar la acción a los Estados Unidos fue el decorado de Coney Island. "Todos los `freaks` se reunían ahí. Era el único lugar del mundo donde alguien con el aspecto del Fantasma podía pasar desapercibido", ha dicho.
ELENCO. Para los papeles protagónicos, Webber se jugó a dos jóvenes intérpretes que han venido destacándose en los últimos años: Ramin Karimloo para encarnar al Fantasma, Sierra Boggess (quien antes actuara en La sirenita) como Christine. Junto a ellos asoman Joseph Millson como Raoul, Liz Robertson como Madame Giry, Summer Strallen como Meg Giry; y Niamh Perry, Adam Pearce y Jami Reid-Quarrell, como Fleck, Squelch y Gangle, el trío de peculiares maestros de ceremonia del circo.
La crítica británica ha destacado (previsiblemente), los cuidados de una puesta en escena muy profesional, con esmeros de vestuario y escenografía (armada en gran parte por proyecciones que logran ciertos efectos tridimensionales), calidades de iluminación y un par de temas (Look with your heart, o Dear old friend) que han podido ser catalogados como "memorables". Y aún quienes han cuestionado algunos aspectos del espectáculo han reconocido el profesionalismo de sus intérpretes (Karimloo, Boggess y el resto), de quienes se ha dicho que "dan lo mejor de sí".
Los mayores reparos han sido dirigidos al libreto, y sus objetores han señalado que se toma demasiadas libertades con el original. y le han cuestionado cambios en los personajes a los que se considera insuficientemente motivados: el Fantasma era originalmente un ser oscuro y tenebroso (eso es más cierto en el original novelesco de Leroux y en casi todas las versiones cinematográficas, pero lo era bastante menos en la adaptación original de Webber: Gerard Butler aparecía casi como un galán romántico), y ahora se lo ve convertido en un respetable empresario teatral que a lo sumo necesitaría de un buen cirujano plástico. Tampoco ha convencido demasiado que Madame Giry y su hija hayan decidido seguirlo a Nueva York, y que la segunda haya abandonado su vocación por el ballet clásico para convertirse en estrella de una compañía burlesca.
Por supuesto, esas son objeciones a un argumento, no a un espectáculo (hace tiempo que se sabe que una película, una ópera clásica o una ópera rock no es su argumento), y la fidelidad o infidelidad a un material previo es, a lo sumo, un dato lateral. La obra debe sostenerse por sí misma sobre el escenario, fiel o infiel a cualquier cosa que haya existido antes.
También le han objetado a Webber haber utilizado como tema central de su secuela una canción (la titulada Love never dies, justamente), que pertenece a otro espectáculo, The beautiful game. El propio autor se ha justificado por su elección en el programa de mano de la obra. Pero, una vez más, ese es el tipo de discusión bizantina que no tiene mucho que ver con el valor del espectáculo mismo.
INTENCIÓN. Webber hubiera querido que su antiguo cómplice Tim Rice trabajara por lo menos en algunas de las canciones de Love never dies, pero Sir Tim declinó la oferta. De todos modos Webber está satisfecho de lo que hizo, y lo hace por que le gusta. Es el músico más rico del Reino Unido (tiene más dinero que Paul McCartney o los Rolling Stones), y un hombre que por rebeldía familiar se convirtió en un conservador. Su madre era socialista y pobre. Él obtuvo su licenciatura en la Westmister School y abandonó sus clases de historia en el Magdalene College para dedicarse a la música, llegó a ser Lord y Barón de Sydmonton, y no trabaja por dinero. No lo necesita.
Y hay por lo menos un juego de comparaciones que va a despertar la curiosidad de los espectadores londinenses. Porque uno de los rasgos curiosos de todo el asunto es que no se trata, estrictamente, de un "retorno" del Fantasma a los escenarios londinenses. De hecho, éste nunca los abandonó. El original continúa en la cartelera en Londres y otras ciudades británicas desde hace un cuarto de siglo, ha convocado a lo largo de ese tiempo a más de cien millones de espectadores, y a nivel mundial ha sido el espectáculo más taquillero de la historia. Sus dos mil millones de libras de recaudación superan todo lo que haya ocurrido jamás en el mundo del espectáculo, inclusive las Star Wars, inclusive Titanic. Inclusive Avatar. No se espera que esta secuela repita ese éxito, pero nunca se sabe. En noviembre la pieza llega a Broadway, y allí comienza otra carrera para el canoro fantasma.
Ovación en gala con mucho famoso
El público ovacionó de pie la nueva obra de Webber en la la noche de su estreno mundial, el pasado martes. La audiencia estaba llena de personalidades incluyendo a Michael Caine, Gerard Butler (que protagonizó la película de 2004) y Rowan Atkinson. La cantante Elaine Paige, se levantó para vitorear a Webber al final de la función mientras Lloyd Webber hizo una reverencia y enviaba un beso.
El compositor trabajó en la pieza desde 1997. El director Jack O`Brien sabe que las apuestas son altas, y le advirtió al elenco que "nadie nos agradecerá por esto``. Dijo que Lloyd Webber -quien se recuperó de un cáncer de próstata mientras preparaba la puesta en escena en Londres- fue muy valiente al volver sobre su gran éxito. "Esto es algo así como su Tempestad``, la última obra que escribió Shakespeare.
Tres de los muchos rostros del fantasma en cine
Lon Chaney
1925
El rostro cinematográfico del Fantasma se ha ido modificando (y romantizando) con el paso del tiempo. En la versión muda dirigida por Rupert Julian era realmente el tipo horrendo en el que Lon Chaney era capaz de transformarse en una de sus usuales torturas de maquillaje, y la demora en que ese rostro aparecía en la pantalla una de las fuentes de suspenso del film.
Claude Rains
1943
La versión dirigida por Arthur Lubin en la década del cuarenta se jugaba mucho menos a los sustos, y más al despliegue de ópera en la banda sonora (no en vano tenía en su elenco a Nelson Eddy y Susanna Foster, dos cantantes prestigiosos) y a un suntuoso decorado elegantemente fotografiado en color. Rains hacía un Fantasma mucho más educado, que casi pedía disculpas por sobresaltar a la gente.
Herbert Lom
1962
La legendaria empresa británica Hammer no podía omitir al Fantasma en su galería de monstruos. La versión dirigida por el gran Terry Fisher era, como casi todos los films de la empresa, un producto pequeño, compacto y eficaz, que se las arreglaba para crear un clima gótico con pocos recursos. Detrás de la máscara está Lom, quien luego fue el jefe del Inspector Clouseau.
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