Otra mirada sobre el mito de Piazzolla

Libro. Diego Fischerman presentó ayer "Piazzolla el mal entendido", escrito con Abel Gilbert

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ALEXANDER LALUZ

Proponer otras miradas, revisiones o análisis de aquellas figuras convertidas en mitos siempre entraña dificultades y polémicas de todo tipo. Pero a la vez, de allí pueden surgir esas otras formas de iluminar la complejidad de los fenómenos.

Esto ocurre, ciertamente, cuando esas otras visiones se apoyan en un enfoque riguroso, inteligente, comprometido, lo cual no los exime de la (siempre necesaria) discusión y/o discrepancia. Los escritores argentinos Diego Fischerman y Abel Gilbert encararon en esa línea un estudio sobre el ícono del "vanguardismo tanguero" para dar forma al libro Piazzolla el mal entendido (Edhasa, Buenos Aires, 2009). Una voluminosa edición que fue presentada ayer de noche, y con la presencia especial del investigador argentino, en Montevideo, en la librería El Virrey (21 de Setiembre 2798).

Ambos autores, de amplia formación y experiencia musical, periodística y ensayística, enfrentaron este mito contemporáneo y su producción musical desde un enfoque crítico y poniéndolo en un necesario diálogo con la dinámica de otros procesos culturales, musicales, estéticos de su tiempo.

Como aclaró Fischerman a El País, esto "no es una biografía". La apreciación es muy acertada, ya que como práctica (y estilo) de escritura, el libro trasciende (o supera) ampliamente los límites tradicionales de ese género. Y en segundo término, porque su enfoque analítico logra esquivar la repetición o el reciclaje de los supuestos que han erigido acríticamente el mito, muchos de ellos alimentados por los propios relatos autobiográficos de Piazzolla. En su lugar, se propone ahondar en esas tensiones y hasta contradicciones (también necesarias, propias de todo fenómeno simbólico y que se pueden resumir en el término "malentendido) que lo sustentan sí como un rico fenómeno cultural y artístico contemporáneo.

El proceso de estudio y escritura, recuerda el escritor, "fue, en realidad, un proceso bien argentino (y bien uruguayo). Esto es, signado por el hecho que Abel (Gilbert) es corresponsal de un diario de España, de Cataluña, más precisamente, y yo también trabajo en múltiples cuestiones", entre la investigación, la crítica, el ensayo. Pero la energía para separar tiempo y dedicación para este proyecto "se gesta en las ganas de hacer algo juntos y, por otro lado, en las ganas de meternos con Piazzolla, que es una música que nos interesa mucho y que también nos intrigaba entonces por sus contradicciones, no por lo evidente sino por el lado en que se fracturaba un poco la cosa, de las lecturas que había hecho sobre él había hecho sobre sí mismo", y cómo esas interpretaciones finalmente sedimentaron en la región y en el mundo. Pero sobre todo fue "un libro escrito desde el placer, el gusto. Hubiera sido imposible hacer un libro sobre una música que no nos movilizara tanto".

A partir de un largo trabajo de escucha y reescucha de toda la música de Piazzolla, y la revisión de una amplia documentación, ambos autores proponen una tesis provocativa. Lejos de tirar por tierra sus cualidades compositivas e interpretativas, se hace hincapié en la inteligencia y la sensibilidad para poner en diálogo múltiples fuentes musicales. Las mismas que se "propagaron por la cultura `culta` porteña, entre 1940 y 1980", como se anota en el capítulo introductorio del libro. Allí convergen desde Bach hasta los nacionalismos musicales, pasando por el jazz, el jazz-rock, el rock progresivo, los musicales, las películas de Hollywood "e, incluso, la canción italiana a la San Remo".

En ninguno de los fragmentos que componen ese mapa, Piazzolla se movía como un experto. Sin embargo, ese conocimiento parcial fue "lo que lo salvó de la copia". A partir de ahí es que el carácter vanguardístico que se le reconoce a su música adquiere otro sentido. Piazzolla no rompió con nada, ni se constituyó en una punta de lanza estética. "Los materiales de lo que Piazzolla llamó la revolución del tango fueron los de su época. La mirada sobre esos materiales fue tan propia e inconfundible, que terminó cerrando cualquier posibilidad de continuación por la misma vía".

Un fenómeno parido en el "malentendido"

Tanto Fischerman como Gilbert tienen en su haber una importante producción crítica y periodística en el vecino país y en el exterior, que se alimenta de algo poco frecuente: la experiencia y formación musical.

Este plus les permite encarar un tema tan complejo como la revisión de la vida y obra de Piazzolla, poniendo en interacción múltiples campos. Por un lado, el análisis de los fenómenos culturales y sociales que fueron contemporáneos al creador del clásico Balada para un loco. Por otro, indagar en la forma que esos fenómenos incidieron en la configuración de un lenguaje y una concepción estética personal, única y que no permite réplicas o continuaciones sin acercarse peligrosamente a la repetición. En este último sentido, los autores plantean cómo Piazzolla fue delineando su personalidad desde la apropiación de otros recursos y técnicas musicales, delineando un mapa intertextual muy complejo y a la vez de cierta transparencia en sus realizaciones. Otro aspecto importante a destacar (principalmente por su ausencia en otros estudios) esa suerte de ambivalencia que pulsa en el pensamiento piazzolliano: su declarada intención de ser vanguardista, rupturista, y a la vez tan popular como el mismísimo Sandro. Un juego alimentado en sus propios relatos, y en la creación (tan tributaria de Borges) de una encendida polémica con los paradigmas tangueros de su tiempo, que, en la realidad concreta, sólo se dio con figuras de segundo o tercer nivel de importancia en el género.

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