DANIEL HERRERA LUSSICH
En WASHINGTON
CORRESPONSAL PERMANENTE
Cuando todo indicaba que existía el clima propicio para materializar un acercamiento entre EE.UU. e Israel, la sorpresiva decisión de construir 1.600 nuevas viviendas en Jerusalén hizo "arder Troya" durante la visita del vicepresidente Biden.
El presidente Barack Obama, que hacía un nuevo intento para poner en marcha conversaciones indirectas entre israelíes y palestinos y simultáneamente se aseguraba un aliado incondicional en la campaña contra la carrera armamentista de Irán, vio que las gestiones quedaban bloqueadas para alarma de todos.
El vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden, que desde el lunes se encuentra en Israel, se entrevistó sucesivamente con el primer ministro Benjamín Netanyahu, la jefe de la oposición, Tzipi Livni, y el presidente Shimon Pérez, y luego se vio obligado a dar "vuelta la hoja". Tras proclamar los resultados positivos de los diálogos y recordar la vieja amistad personal de ambos países, pasó a emitir, desde el propio territorio judío, una dura y enojosa declaración.
Señaló el gobernante estadounidense que la decisión de nuevos asentamientos "daña la confianza que se necesita ahora para reactivar las negociaciones de paz". Condenó la decisión del gobierno israelí de promover la instalación de nuevas viviendas en Jerusalén Este".
Casi a la misma hora la Casa Blanca emitió otra declaración de similar molestia y ofensa por una actitud que se tomaba justamente cuando estaba presente en territorio israelí, el vicepresidente Joe Biden.
El gobernante americano había llegado el lunes con un compromiso demoledor en las valijas: "el apoyo incondicional estadounidense a Israel en la tensa y nerviosa puja que ambos buscan, en un dividido escenario mundial, para impedir el desarrollo de las centrales nucleares de Irán".
La llegada de Biden se había concretado en medio de un clima bastante agitado -como es habitual- en Medio Oriente.
El gobierno de Israel dio el "visto bueno" para empezar a construir 112 viviendas en un asentamiento de Cisjordania, en principio contrariando el compromiso que había asumido Netanyahu ante Obama de congelar por diez meses todas las construcciones. El vocero del departamento de Estado, Philip Crowley, explicó a los periodistas que "no se trata de un nuevo proyecto y no está sometido a la moratoria de colonización prometida en noviembre por los israelíes".
Sin embargo "igual ardió Troya" cuando el ministerio del Interior de Israel, hace pocas horas, aprobó la construcción de 1.600 nuevas viviendas en Jerusalén. Esta decisión abrió las puertas a voces de alarma de los palestinos que están solicitando urgente respaldo a los países árabes.
A su vez jóvenes palestinos atacaron, en las últimas horas, con piedras a policías israelíes en la Explanada de las Mezquita de Jerusalén, que los repelió con gases y balas de goma. El motivo se originó luego que Netanyahu anunció la decisión de incorporar al patrimonio nacional dos lugares de culto.
El presidente Shimon Pérez reclamó en el diálogo con el vicepresidente la expulsión de Irán de las Naciones Unidas, bajo el sólido argumento de que "no puede ser el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, al mismo tiempo miembro de la ONU e invocar la destrucción de Israel".
Palestinos critican la decisión
Saeb Erekat, el principal negociador palestino, señaló que la medida está destruyendo la confianza necesaria para continuar con la ronda de conversaciones, que ambas partes accedieron a que sean mediadas por el enviado de Washington, George Mitchell. "Espero que esto le abra los ojos a la comunidad internacional sobre la necesidad de que el gobierno israelí detenga actividades tan inútiles", dijo el representante palestino.
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