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Todos están de acuerdo en señalar que la lucha por una educación mejor es "la madre de todas las batallas". Para contribuir a encarar esa preocupación reiteramos nuestro punto de vista expuesto en el editorial publicado el 3/VI/08, cuyas partes fundamentales transcribimos a continuación bajo el mismo título:
"La educación fue y será eje central del interés de cualquier sociedad. Etimológicamente, educar es guiar, conducir, y, por tanto, resulta obvio que todo grupo humano -llámese familia, tribu, nación o civilización- tratará de conservar su identidad educando, es decir, guiando a las jóvenes generaciones hacia la consecución de ciertos objetivos que tienen que ver con su propia pertenencia, con la fidelidad a sí mismo. Es, pues, una garantía de supervivencia social.
Platón decía que mediante la educación era posible desarrollar cualquier actividad, forjar cualquier tipo de personalidad: cazadores o recolectores, campesinos, artesanos, guerreros o gobernantes, artistas o religiosos. ¿Acaso la educación temprana no hace nacer un fuerte sentimiento patriótico y la devoción por el himno y la bandera o la adhesión a una creencia? ¿Acaso, por su intermedio, no nos identificamos con un territorio determinado -aunque no lo conozcamos plenamente-, con sus leyes, con su organización del Estado y con el ejercicio de sus derechos?
Nada de esto viene a través de la cuna sino con la educación que nos imparten nuestros mayores, nuestro entorno, las aulas y una tradición (esto es, una trasmisión o entrega) que se `mama` diariamente. Entonces, ¿por qué no aprovechar ese eficaz mecanismo, para inculcar a nuestros niños y jóvenes una serie de valores que fortalecerá nuestra sociedad entera porque dará lugar a relaciones más armoniosas creando individuos equilibrados, seguros de sí, respetuosos, competitivos y solidarios a la vez?
¿Por qué no desarrollar en ellos todas las virtudes que tendrán íntima relación con el éxito en la vida y con el progreso nacional? No se trata de crear un "hombre nuevo", como pretendieron los regímenes marxistas, sino un hombre representativo de los valores esenciales de la cultura a la que pertenecemos.
Independientemente del mayor o menor presupuesto que invirtamos en el área educativa, ¿por qué no poner el énfasis en la práctica de la vida natural, en el rechazo de las adicciones, en la defensa del medio ambiente y en la condena de todas las formas de violencia, criminalidad e injusticia? ¿Por qué no reconocer el mérito de quien triunfa por sus virtudes y talentos? ¿Por qué no exaltar en las aulas, cotidiana y constantemente, la libertad, los principios éticos, la moral pública o privada, la tolerancia con las ideas -no con todas las conductas-, el respeto a las normas establecidas, la responsabilidad y el amor a la verdad?
El verdadero instrumento de desarrollo se encuentra en el docente, en el educador a quien deberán estar subordinados los modernos elementos tecnológicos que se ponen a su servicio, y no a la inversa. Pensemos que países más desarrollados y ricos, los que disponen de todo lo necesario para educar con eficacia, no han podido evitar ni las guerras ni los conflictos internos, ni la delincuencia, ni el racismo ni la xenofobia, entre otros males. Confucio, Buda, Sócrates, Jesús y Mahoma -y tantos guías espirituales de todos los tiempos- sólo dispusieron de la palabra y de su personalidad para dejarnos un legado que sobrevive a los milenios. Los modernos medios electrónicos son revolucionarios y su uso inevitable y necesario pero no nos encandilemos con ellos. Son instrumentos, no fines. Los teléfonos y los celulares facilitan las comunicaciones pero ello no implica que mejoren la conversación. Por tanto, hay que darle importancia tanto a la computadora como al sentir y pensar correctamente.
No aspiramos sólo a insertar al estudiante en el mercado laboral. Hay que dotar, además, de valores morales, que sea capaz de encarar responsabilidades sociales y familiares, que asuma sus derechos y sus deberes, que cultive una ética de trabajo y que desarrolle su poder de iniciativa y su creatividad. ¿Es mucho pedir?"









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