BUENOS AIRES | IGNACIO QUARTINO
Desde que Anne Hathaway dio a conocer la nominación de "El secreto de sus ojos" al Oscar como mejor película extranjera, comenzó en Argentina el juego de las especulaciones a propósito de las reales posibilidades que tenía el film de ganar.
Pero, por más que los medios (en particular canal 13 que se adjudicó los derechos de transmisión de los premios) no escatimaron minutos de aire para comunicar el optimismo que generaban los pronósticos de los medios especializados en Hollywood, la previa en Buenos Aires estuvo marcada por la loca idea de un internauta fan de Guillermo Francella, uno de los protagonistas del film, que armó un grupo en Facebook para convencer al actor a que dijera "a comerla" (frase que inmortalizó en su ciclo de humor) desde el micrófono del Kodak Theatre en Los Angeles. O por la polémica que generó la ausencia de Ricardo Darín a la entrega de premios y el rumor de una pelea con el director Juan José Campanella, después desmentida por el actor.
Como si se tratara de un escándalo mediático entre vedettes que no lograban ponerse de acuerdo en el cruce de declaraciones, las escasas invitaciones otorgadas por la Academia para El secreto de sus ojos desviaron el foco de que la película llegara a lo más alto. Pero toda esa polémica quedó a un lado a la 1.18 AM del lunes porteño, cuando el "spanglish" de Pedro Almodovar reveló que la película argentina era la ganadora. Fue entonces cuando la delegación del film subió al escenario (entre ellos la uruguaya Mariela Besuievsky, coproductora) y Campanella hizo su intervención culminada con un "¡Vamos Argentina y un abrazo a los hermanos de Chile".
La valoración sobre lo ocurrido vino enseguida, cuando los productores enfrentaron a la prensa. "Esto es la confirmación de que la fuerza entre dos regiones, la fuerza de la coproducción puede traer estos resultados maravillosos para el cine", afirmó Besuievsky con los ojos puestos en el estreno estadounidense del film, algo que ocurrirá el 16 de abril.
DE LEJOS. Sin festejos ni desmesuras en Buenos Aires (se hizo notar que era víspera de una jornada laborable), Darín y Soledad Villamil brindaron una conferencia de prensa en un lujoso hotel de Recoleta, una hora y minutos después de la buena nueva. "La teníamos bastante brava, me pareció milagroso", fueron las primeras palabras de un Darín emocionado. El tinte hazañoso que le dio el actor al premio no fue caprichoso, sino que lo justificó después de haber visto las otras cuatro películas nominadas a las que calificó como "muy buenas", aunque no le quitó mérito a El secreto de sus ojos. "El potencial de la película estaba en que si bien su trama es dura, áspera y sensible, también tiene humor y un toque de cotidianidad", explicó el actor.
Darín también destacó el convencimiento de los espectadores que, varios meses antes de la nominación de El secreto, le aseguraban que el Oscar viajaría a Argentina después de 24 años, cuando ganó La historia oficial. "Me acuerdo que los primeros comentarios posteriores al estreno leía que íbamos a ganar el Oscar y a mí me costaba creerlo. Estimo que las personas que escribieron eso en Internet hace ya varios meses, deben sentirse altamente recompensados con la noticia y muy gratificados, porque de alguna forma formaron parte de ese proceso", dijo Darín, que pidió disculpas a los periodistas presentas por la hora de la conferencia (3.30 AM de Uruguay).
Villamil coincidió con su compañero de elenco y no ocultó su alegría por el reconocimiento a Campanella, a quien considera "un talento que tiene la capacidad de contar historias ordinarias a los que les pasan cosas extraordinarias".
Darín tampoco guardó elogios para el director y graficó su genialidad en el agradecimiento que dio en Kodak theatre: "no sé si escucharon que agradeció que el navi no haya sido nominado como lengua extranjera, si no hubiésemos perdido. Si vieron Avatar sabrán que lo dijo porque navi era el idioma que hablaban los autóctonos en la trama de la película", explicó el actor que, por las dudas, volvió aclarar que no fue a Los Angeles por una decisión propia.
de cerca. Al mismo tiempo, en Hollywood, Campanella era recibido por los periodistas de su país en el hotel Mondrian, con una euforia muy notoria. El cineasta trató de comunicar su estado al asegurar que el premio "se siente como una especie de aturdimiento. Cuando mañana me levante, a tomar agua quizás, y se me cruce esto (la estatuilla) allí parado, creo que se me va caer la ficha".
El paso que habilita un triunfo en Sudáfrica
Pese a la expectativa generada desde los medios con la nominación de El secreto de sus ojos, el entusiasmo que se vivió en Buenos Aires en la previa a los premios Oscar distó de ser el mismo que vive Brasil ante la eventualidad de ser los "melhores do mundo" en algo, así se trate de una película o un Mundial de fútbol.
Basta recordar lo que ocurrió con la nominación de Estación Central, en 1999, cuando el pueblo carioca preparó una fiesta que finalmente se frustró cuando el premio fue a parar en manos del italiano Roberto Begnini, por La vida es bella.
Los números que arrojó la transmisión de los Oscar en Buenos Aires avalan cierto desinterés del público en lo previo, ya que el rating de canal 13 apenas tuvo picos de 21 puntos, una cifra que ni siquiera supera la emisión de un programa de Susana Giménez. Sin embargo, ya con la estatuilla en manos de Juan José Campanella, los argentinos no tardaron en relacionar este logro con las grandes gestas deportivas. El propio Ricardo Darín, en la conferencia de prensa, comparaba el Oscar con el triunfo que obtuvo el domingo el equipo de Copa Davis argentino, luego de superar a Suecia que en lo previo asomaba co-mo claro favorito.
Pero el triunfalismo argentino va más allá que estas dos hazañas y hay quienes no dudan de que la selección argentina de fútbol logrará el campeonato del mundo de Sudáfrica. ¿La razón? Muy simple: el mismo año que La historia oficial se llevó el Oscar a mejor película extranjera (1986), Diego Armando Maradona levantó la Copa del Mundo en México.
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