ALFONSO LESSA
Pasó la fiesta y como el propio José Mujica lo definió, comenzó el "purgatorio", la hora de la verdad para el Presidente y su gobierno.
El nuevo mandatario puede sentirse tranquilo en este momento: seguramente no podría haber esperado un comienzo mejor. La permanente apelación a los acuerdos interpartidarios y sociales, la participación de la oposición en directorios de entes y servicios, los mensajes enviados a los inversores y muy particularmente sus discursos del pasado lunes, le abrieron el crédito de un amplio espectro político y social.
Mujica pudo haber cambiado el tono de sus discursos del 1º de marzo, ajustados de acuerdo a los auditorios del Parlamento y la Plaza Independencia, pero la sustancia fue la misma.
El Presidente fue enfático en la defensa del sistema democrático, valorando la estabilidad, la paz social y la búsqueda de acuerdos e incluso reconociendo el papel que han cumplido los partidos tradicionales en la construcción del sistema democrático.
Cambios sustanciales respecto a discursos del pasado.
Mujica se ha mostrado estos días como un Presidente pragmático, decidido a implementar reformas que se han ido postergando en el tiempo. Abierto, según dijo ante la Asamblea General, a todas las ideas porque -aseguró- lo único que está enterrado es el dogmatismo.
Creadas las condiciones políticas básicas, Mujica dispone de una gran oportunidad para llevar adelante sus planes.
Pero como él mismo ha advertido, nada será fácil. Y algunos hechos demostraron ya durante la semana que pasó lo que se podía presumir de antemano: que varios cambios que propone generarán resistencias entre sectores que lo apoyaron.
La reacción sindical frente a sus afirmaciones sobre el eventual cese en el ingreso de funcionarios públicos y acerca del sistema de concursos, operaron como un test de lo que se puede venir.
Mujica no hizo más que afirmar lo que mucha gente piensa, pero la realidad es clara: para llevar adelante algunas de sus ideas en particular las referidas a la reforma de Estado, necesitará de un respaldo político que trasciende al Frente Amplio; incluso para sortear eventuales resistencias corporativas.
Mujica tendrá que negociar con la oposición, pero también deberá tejer dentro de la propia coalición de izquierda y apoyarse en los dirigentes más afines del Pit-Cnt para avanzar realmente. El futuro mostrará, paso a paso, su capacidad para resistir las presiones.
La comunicación también resultará clave en este panorama. En su última conferencia de prensa, Tabaré Vázquez explicó por qué había intentado hablar poco durante su gestión. Y quizás Mujica debería atender esa explicación, porque puede tener en sus propias palabras, un problema.
Hablar mucho, puede sobreexponer a un presidente y llevarlo a cometer errores y contradicciones que ya no son los de un candidato.
Mujica ha dicho que ingresó en el purgatorio. Siguiendo con su metáfora, tocar el cielo o caer en la oscuridad ahora depende básicamente -aunque no solo- de él.
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