Europa se encuentra frente a un gran dilema. Se encamina a perder 52 millones de trabajadores hasta 2050. Tiene 4 millones de empleos sin llenar por falta de gente capacitada y necesita 20 millones de inmigrantes calificados. La migración desde el Este agregó 0,8% al Producto Interno Bruto (PIB) de la Unión Europea. Pero no todos están convencidos de las ventajas de la inmigración y señalan que son los extranjeros los que han cometido la mayoría de los delitos en Alemania y que Italia y Francia se han visto sacudidas por disturbios raciales, mientras el Reino Unido se comprometió a frenar la entrada de trabajadores del exterior.
BERLÍN | NEWSWEEK
Europa se encamina a tener problemas económicos serios a largo plazo, a menos que aprenda a administrar la inmigración con inteligencia. La población del continente envejece a ritmo tan rápido, que necesita jóvenes extranjeros para llenar los vacíos.
En los últimos meses, un tribalismo oscuro ha recorrido Europa. En enero, después de los peores disturbios raciales ocurridos en Italia desde la II Guerra Mundial, el gobierno envió a los carabinieri a desalojar los campamentos de migrantes africanos desempleados, en el sur del país. En Gran Bretaña, el líder del Partido Conservador, David Cameron, prometió en fecha reciente que si triunfa en las elecciones, recortará la inmigración en un 75%. En Francia, que se encamina a elecciones regionales clave un poco antes de mediados de año, el presidente Nicolas Sarkozy, lanzó un ruidoso debate sobre la "identidad francesa" que ha tenido como uno de sus puntos más destacados las referencias a la prohibición de la burqa y otros tipos de castigo a las minorías. Hasta en Suiza, que durante años fue uno de los países de Europa más amigables a los refugiados, la situación se ha vuelto desagradable, luego que se aprobó un referéndum para reformar la Constitución e incluir la veda a la construcción de alminares.
En un país tras otro, los inmigrantes, con frecuencia de países musulmanes, son el blanco de la ofensiva. Más que en ningún otro momento en las últimas décadas, el temor se convierte en la fuerza predominante de la política europea, advierte el comentarista francés, Dominique Moisi. La causa inmediata de ese temor ha sido la crisis económica, que ha alimentado la preocupación respecto de los extranjeros que roban los empleos europeos y sobrecargan el sistema de asistencia social. Sin embargo, la animosidad refleja un cambio más profundo. La inmigración a Europa explotó en los últimos años, en tal grado que la Unión Europea (UE) superó a Estados Unidos como principal destino de las personas que buscan una vida mejor en el exterior. Desde 1990, desembarcaron en Europa 26 millones de migrantes, en comparación con 20 millones en Estados Unidos. Allí ayudaron a generar los auges económicos, dieron renovado vigor a la declinante tasa de nacimientos del continente y transformaron las ciudades desde Madrid hasta Estocolmo. La Comisión Europea estima que, desde 2004, solo la migración de los europeos del Este a Europa occidental agregó un monto neto de 50.000 millones de euros, o 0,8%, al Producto Interno Bruto (PIB) del bloque, cada año.
Pero, no todos están convencidos de esos beneficios y los migrantes provocan profundo temor de que se está perdiendo la identidad racial y religiosa de Europa. Impulsado por angustia de ese tenor, los gobiernos comienzan a volverse en contra de los recién llegados. Muchos países, incluyendo a Gran Bretaña e Italia, han aplicado nuevos límites a la inmigración, mientras otros, como España y República Checa, les pagan a los migrantes para que vuelvan a sus países de origen. Como consecuencia de esas medidas y de la caída económica, la migración laboral a Europa se desplomó el año pasado.
A medida que estas tendencias se intensifican, Europa enfrentará una dura opción. Puede apaciguar a las masas furiosas y cerrar las puertas o desafiar a la opinión pública y abrir las puertas a inmigrantes mejor calificados. Hacerlo será políticamente difícil. Pero, es una parte necesaria para asegurar la recuperación económica y vitalidad a largo plazo del continente. Aunque en estos momentos, invitar a más extranjeros puede parecer una opción extraña, Europa, simplemente, no puede darse el lujo de no hacerlo. Prosperará, si se obliga a sí misma a convertirse en una sociedad más abierta y móvil, siguiendo el modelo de países tradicionalmente de inmigración como Canadá, Australia y Estados Unidos. Si tranca las puertas y frena la integración, terminará debilitada, xenófoba y resignada a declinar.
La necesidad que tiene Europa de inmigrantes, en parte, responde a la demografía. En el corriente año, los fallecimientos superarán a los nacimientos en 10 de los 27 países miembros de la UE, incluyendo a los dos más grandes: Alemania e Italia. Para 2015, el fenómeno se habrá extendido a la totalidad de la UE y para 2035, la brecha habrá crecido a un millón por año. De acuerdo con lo que señala la Comisión Europea, la UE tendrá 52 millones de personas menos en edad de trabajar en 2050, lo que dificultará la competencia con países más vibrantes como China o Estados Unidos, así como para mantener a los propios ciudadanos europeos de avanzada edad.
RESTRICCIÓN. En la actualidad, las empresas a lo largo del continente enfrentan escasez crónica de trabajadores especializados, como son los casos de ingenieros, técnicos y personal médico. Pese a la caída económica, ahora hay unos cuatro millones de empleos sin proveer en Europa. "Cada uno de nuestros clientes tiene puestos que no puede cubrir, debido a la escasez de trabajadores", señala Barbara Beck, jefa de Manpower, en Europa.
La mayoría de los países europeos intentó proteger a los trabajadores locales, cerrando el ingreso a los extranjeros. Esos esfuerzos tuvieron el resultado contrario al buscado, y alentaron un flujo masivo de extranjeros ilegales, quienes se inclinan por aceptar salarios y beneficios muy bajos, debido a que no tienen respaldo legal. Al mismo tiempo, los generosos beneficios sociales de Europa alentaron un masivo crecimiento del "turismo de asistencia social". Como resultado, Europa terminó recibiendo al 85% de todos los migrantes sin especialización que llegaron a los países desarrollados y sólo al 5% de los de alta especialización. En cambio, Estados Unidos ha forjado su ventaja innovadora al atraer al 55% de los migrantes con más alto grado de educación del mundo. Debido a que la inmigración se produce, en gran medida, a través de redes, con los inmigrantes establecidos que abren el camino a sus pares, esas tendencias persisten. "Por tanto, lleva décadas poder modificar la política de inmigración", indica Thomas Liebig, especialista en migraciones, de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).
Durante décadas, la mayoría de los países europeos ha marginado a los inmigrantes. En Alemania, algunas profesiones estuvieron abiertas solo a los ciudadanos germanos hasta la década de los `90, mientras ser elegible para obtener la ciudadanía se basaba en descendencia, hasta una reforma de 2001, que marcó un hito. Millones de refugiados fueron vedados, mediante la ley, de trabajar, lo que los obligó a depender de una escuálida asistencia social. Los musulmanes, especialmente, permanecen sin integrarse y en ghettos, en muchos países europeos, incluyendo a Francia, Gran Bretaña y Holanda. Ahora, muchos países europeos han aplicado importantes reformas en sus políticas, como es el caso de una política continental de asilo y la definición de criterios más inteligentes de inmigración, sobre la base de la educación y la especialización. Otros, como España y República Checa, pagan a los migrantes para que se vayan. El peligro es que la creciente hostilidad por los extranjeros frenará o hasta hará retroceder los esfuerzos por asimilar a los que ya están allí, generando una subclase permanente y en rápido crecimiento. De acuerdo con lo que señala OCDE, los inmigrantes han perdido empleos a un ritmo casi el doble que los ciudadanos oriundos de Europa durante la actual crisis, y en numerosos países la brecha socioeconómica entre inmigrantes y nacionales ha comenzado a ampliarse de nuevo.
DECISIVO. Todo esto ocurre en un momento crucial de la economía global. Los economistas pronostican que el PIB global se duplicará en los próximos 20 años, y que se crearán 1.000 millones de nuevos empleos con especialización. Para evitar quedar rezagada, Europa necesitará mejorar su fuerza laboral, con la finalidad de competir en sectores intensivos en conocimiento. No puede dejar de lado la educación de sus poblaciones de inmigrantes o dejar de competir por su parte de la fuente de talento global. Si hace la opción equivocada, Europa será más pequeña, pobre y con furia. En lugar de atraer a nuevos migrantes, el continente verá a sus ciudadanos más capaces buscar mejores oportunidades en las economías en crecimiento de China, India y Brasil. Los auges económicos de Polonia y Rumania ya fueron enlentecidos por una aguda carencia de trabajadores especializados.
Mientras Europa pierde el tiempo, algunos países no se quedan inmóviles. Al estallar la crisis económica global, el gobierno canadiense consideró fugazmente la reducción de las cuotas de inmigración apara proteger su mercado laboral. Pero, decidió mantener sus fronteras abiertas y aceleró los trámites de aceptación para los arribos de personas de alta especialización. Mientras los migrantes han perdido terreno recientemente, tienen el doble de posibilidades que los oriundos de Canadá de lograr doctorados o títulos de posgrado. Hasta dentro de Europa, algunos países hacen lo correcto. Suecia no estaba satisfecha con solo implementar nuevas políticas de inmigración basadas en especialización. En medio de la crisis, mejoró sus esfuerzos de integración, incluyendo entrenamiento vocacional y de idiomas para los inmigrantes que están establecidos. Pero, puede hacerse mucho más para atraer a los inmigrantes capacitados y con especialización, por ejemplo, aumentando el número de visas en profesiones donde ya hay escasez o reduciendo los trámites burocráticos que hacen casi imposible lograr el reconocimiento de diplomas. Los países y las empresas podrían mejorar la incorporación de más de los 1.400.000 extranjeros que estudian en universidades europeas.
La preocupación en Europa no es totalmente fuera de lugar. El rápido ritmo de la inmigración durante la última década ha puesto a prueba la infraestructura e instituciones sociales de Gran Bretaña. Los alemanes y los franceses están especialmente preocupados por una subclase de inmigrantes que se ha aislado a si misma de la sociedad en su conjunto. Ahora, el continente enfrenta una decisión crucial. Si cierra sus fronteras sólo desviará más inmigración hacia canales ilegales e incontrolables. Europea no es una isla homogénea y defendible; está rodeada de poblaciones de África y Medio Oriente, que tienen rápido crecimiento. La opción de Europa no es si debe frenar la inmigración, sino si debe canalizarla para su propio beneficio.
Hay 47 millones de extranjeros y un gran impacto social
Newsweek | En lugar de abordar los problemas de manera directa, la reacción contraria a la inmigración, inducida por la crisis económica, ha estancado las reformas en gran parte de Europa. Antes del desplome económico, Alemania, por ejemplo, había comenzado a encaminarse hacia un sistema de inmigración más abierto al estilo del de Estados Unidos, donde las solicitudes se analizarían en función de la educación, las habilidades y las necesidades del mercado laboral. Ahora, con el desempleo en 7,5% y creciendo, la mayoría de los dirigentes políticos germanos se niega siquiera a discutir el tema. A lo largo de Europa, fueron suspendidos lo planes para un sistema de asilo coordinado.
La inercia, sólo derivará en malas políticas que han generado problemas con los 47 millones de migrantes que ya viven en Europa y los convertirán en una subclase permanente y desafecta. Europa necesita reconocer que eludir los problemas no traerá soluciones. Por cierto, las preocupaciones de los políticos en Gran Bretaña, Francia y Alemania no carecen de fundamentos. Las estadísticas muestran que, por ejemplo, los inmigrantes en Alemania, son autores de la mayoría de los delitos (no porque sean extranjeros, sino porque son pobres y con escasa educación.
Los líderes europeos deben comenzar por plantear públicamente la necesidad de una inmigración continua y mejor, así como explicar a sus votantes cómo los migrantes extranjeros fortalecen a un país y son decisivos para el continente. Los trabajadores especializados son vitales para mantener los negocios y servicios públicos en funcionamiento. Contrariamente al temor popular, no aumentan el riesgo de desempleo para los oriundos. Cuando se produce una crisis, son los primeros que pierden sus empleos y, por consiguiente, actúan como protección del resto de la población.
Debe tenerse presente que la inmigración es ingeniería social, sostiene Demetrios Papademetriou, jerarca del Instituto de Política Migratoria, en Washington DC. Los países que favorecen la inmigración y la integración, lograrán los mayores beneficios. Los que no lo hacen, pagan las consecuencias.
Una inmigración bien administrada no constituye la solución mágica para resolver todos los problemas económicos y demográficos del continente, pero sin ella la prosperidad europea y su famoso modelo social desaparecerán con rapidez.
La cifra
26 Son los millones de inmigrantes que recibió Europa en las dos últimas décadas, mientras Estados Unidos recibió 20 millones.
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