"Fue aterrador. Estábamos durmiendo y a las 3.34 empezó a temblar" relató, a El País, Verónica Noguez, una uruguaya de 36 años que vive en Santiago de Chile desde hace diez. Está casada con otro uruguayo, Carlos Brmester, y tienen dos hijos. "Mi marido y yo agarramos a un niño cada uno y corrimos a nuestro cuarto. Nos tiramos arriba de la cama, protegiendo la cabeza y los cuerpos de los nenes. La cosa era interminable". Estaba viviendo el terremoto más fuerte de su vida y de los últimos 50 años de la historia chilena.
"Lo primero que hice fue agarrar una imagen de la Virgen y empezar a rezar el Avemaría con los nenes para que se quedaran tranquilos. Pero al mismo tiempo veía que el cielorraso del cuarto empezaba a caerse. Gracias a Dios, se fue cayendo desde los costados, era como una mano que los corría e hizo que no nos cayera encima".
Una vez que la tierra se calmó, la familia salió del cuarto y bajó las escaleras. En ese momento hubo "un segundo cimbronazo" y los cuatro sintieron una explosión: se había caído el techo de la habitación de la que habían salido unos segundos antes.
"Fue el susto de la vida", confió su esposo, Carlos Brmester. "En el momento del terremoto, estás tratando de salvarte y sabiendo que estás luchando contra la tierra que está enojada", sintetizó Noguez.
"Pero eso fue el sábado a las tres de la mañana", acotó su marido. "Y el sábado a las diez de la noche teníamos luz, agua, teléfono, TV cable, internet, gas. Se había recuperado todo en esta parte de Santiago". La capacidad de sobreponerse a las catástrofes y volver a empezar es una de las cosas que más impactó a Brmester.
"Salí de casa pensando que iba a encontrar todo el barrio por el piso pero no encontré nada caído". El martes, este uruguayo y millones de chilenos fueron a trabajar. "Es impresionante que, a tres días del terremoto, tengas internet, celular y nafta", resumió. "Fue un susto de novela, pero también destacó una parte de la gente que es muy agradable", resumió Carlos Brmester.
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