JORGE ABBONDANZA
Como su vida estuvo dedicada mayormente al teatro, la carrera cinematográfica del austríaco Bernhard Wicki fue escasa. En una oportunidad declaró que consideraba al cine y a la fotografía como artes menores, aunque en 1952 abrió los ojos y quedó deslumbrado por la Exposición Internacional de Fotografía que vio en Lucerna, a partir de lo cual también él se convirtió en fotógrafo. Una prueba de ello puede verse en la galería del Instituto Goethe (Canelones 1524) hasta el viernes 19, en doble horario de 10 a 12 y de 16 a 19.30.
Algunos viejos montevideanos recordarán las películas de Wicki, en particular El puente (1959) ambientada en época de guerra y con su compatriota Maria Schell como admirable protagonista, aunque en 1964 también dirigió La visita, sobre pieza teatral de Friedrich Dürrenmatt, que él además había llevado a escena. Gente con fina memoria habrá registrado incluso la aparición de Wicki como actor en La notte de Antonioni (1961) y su participación en el equipo de realizadores de El día más largo del siglo (1962). Pero no hubo mucho más.
Las decenas de fotos en blanco y negro que ahora exhibe el Instituto Goethe, certifican no sólo la sensibilidad de Wicki para graduar sombras, luces, volúmenes y espacios en sus imágenes, sino también su actitud emocional para atrapar los semblantes de una Europa envejecida en muros carcomidos y ambientes marginales que el ojo del fotógrafo carga de dramaticidad. Los temas fueron elegidos por Wicki durante sus viajes por Italia, Francia, Marruecos, Rusia y Bosnia en los años 50 y 60. Era una época en que las sombras de la posguerra todavía no se habían disipado, lo cual explica en parte la mirada desencantada y penetrante que consta en esas obras.
Vale la pena detenerse en el claroscuro de una naturaleza muerta contra las rejas de una ventana, la estampa de una mujer abatida en medio de una larga escalera o el frente ruinoso de un comercio de París por cuya abertura se asoma alguien, para descubrir esa suerte de belleza en negativo que compone Wicki con sus paisajes a menudo desiertos, las paredes de Venecia deformándose en el reflejo del agua o la hilera de fachadas de un pueblo francés que bordean la curva de un camino, entre las efigies de ancianos (uno en Moscú, otro en un muelle del Sena) rodeados por una atmósfera de abandono.
Pero la muestra también incluye retratos de gente famosa, desde Maria Schell por partida triple hasta un joven Horst Buchholz sobre una gran pared, un primer plano de Hildegard Knef en su apogeo y hasta el propio Dürrenmatt, para completar ese desfile de colegas y amigos. Nacido en 1919 y fallecido en el año 2000, Bernhard Wicki sólo perduraba en la memoria de veteranísimos espectadores cinematográficos, pero las fotos del Goethe ayudan a mejorar ese recuerdo.
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