GUILLERMO ZAPIOLA
Alguien ha dicho ya, que es un Oscar "raro". Esta noche se entregan en el Teatro Kodak de Los Angeles los premios de la Academia, con algunos cambios de criterio con respecto a años anteriores y con algunas polémicas colaterales.
Una de las formas de enterarse será la televisión. Teledoce transmitirá en directo la ceremonia a partir de las 23. El canal para abonados TNT hará lo mismo, añadiendo una hora previa de "alfombra roja" desde las 22. Por su parte, E! Entertainment Television comenzará desde las 16 con especulaciones y entrevistas, se instalará desde las 20 en la alfombra roja, y tras la ceremonia habrá una cobertura acerca de los resultados. El martes 9 a las 23, Joan Rivers y su equipo de macbethianas Hermanas Fatídicas emitirá su Fashion Police, el análisis crítico (y criticón) de las ropa que se puso o no debió ponerse cada uno de los participantes en la ceremonia.
Ese costado farandulero no logra disimular del todo las tensiones a flor de piel que está generando la presente ceremonia de la Academia, e incluso algunos efectos contradictorios de los cambios de política en la institución.
Un dato bastante obvio es que este año la Academia quiso abrir el juego. En lugar de las cinco candidatas usuales para el rubro de mejor film, amplió el número a diez (lo que ofrece un abanico más amplio a los votantes), y sin embargo el número real parece haberse reducido a dos. Ya ha sido señalado en alguna nota previa que el duelo real de la temporada se plantea entre los quinientos millones de dólares de Avatar y los once de Vivir al límite, con poco margen de posibilidades para las otras ocho candidatas. Hay un dato sin embargo que no se ha tenido en cuenta en muchas de las evaluaciones previas, y es el de la variación en el sistema de votación.
CAMBIOS. Esta vez, los casi seis mil académicos no se limitarán a emitir un voto por la que consideran la mejor película, sino que se les ha pedido que confeccionen una lista con las diez nominadas en el orden que prefieran. El cómputo final adjudicará un determinado valor numérico a cada voto según su posición en la lista, y de ahí pueden surgir sorpresas.
Una mera especulación. Supongamos que la mayoría de los votantes se vuelca, en forma más o menos pareja, por dos películas (Avatar y Vivir al límite, por ejemplo), y cada una de ellas obtiene tres mil "primeros puestos" o algo así (y probablemente algunos menos, porque seguramente habrá una minoría que vote por otras películas). Pero hete aquí que esos mismos votantes colocan como su segunda opción, en forma mayoritaria, a un tercer film (digamos Preciosa). En la suma total, puede ocurrir que esa película obtenga más puntos que aquellas dos primeras, y se convierta en la ganadora.
Insístase: se trata de una mera especulación, y jamás podrá ser demostrada, porque la Academia oculta celosamente la cantidad de votos que se lleva cada película: lo único que se hace público es la lista de ganadores. Sin embargo, no deja de ser una posibilidad que puede cambiar los resultados. Si cuando se anuncie el premio final de la ceremonia alguien se saca un as de la manga (como Jack Nicholson cuando anunció, para su propia sorpresa, que Vidas cruzadas había derrotado a Secreto en la montaña) habrá que tener en cuenta ese procedimiento de elección en lugar de poner cara de sorpresa y preguntar qué diablos pasó.
El otro rasgo llamativo de esta edición es la cantidad de juego rudo que las empresas parecen haber puesto en circulación para imponer sus títulos y hundir a los de la competencia. Los casos más notorios involucran, otra vez, a Avatar y Vivir al límite, con lo que se insiste en que son los que se perciben como los rivales más peligrosos. Que el productor de Vivir al límite, Nicolas Chartier, haya enviado un correo electrónico a los votantes de la Academia pidiéndoles su apoyo en nombre de la independencia, e invitando a no votar por "la película de los quinientos millones" es una chambonada que le ha costado caro: le prohibieron la entrada a la ceremonia. Que un ex militar destacado en Irak demande a los responsables de ese mismo film, acusándolos de explotar su imagen en la pantalla sin hacerlo partícipe de las ganancias parece hecho a propósito: es posible que el libretista Mark Boal se haya inspirado en él (de hecho, se sabe que lo hizo en acontecimientos reales que conoció durante su desempeño como corresponsal de guerra), pero no deja de resultar llamativo que el asunto llegue a los tribunales ocho meses después del estreno, y cuando el film compite por el Oscar. La demanda incluye acusaciones por apropiación indebida de nombre, fraude o invasión de privacidad, entre otros cargos.
También un grupo de veteranos de Irak ha cuestionado la "veracidad" y el "realismo" de su descripción de la situación bélica. Y que el cómico Sacha Baron Cohen haya sido despedido de la ceremonia (batió un récord en la materia: transcurrieron apenas cuatro días entre su contratación y su despido) cuando se supo que pensaba aparecer disfrazado de nativa embarazada del planeta Pandora y anunciar que el padre era James Cameron ya es de antología. Tal vez sea un chiste de mal gusto (¿qué otra cosa puede ofrecer el responsable de Borat y Bruno?), pero todo indica que alguien en el entorno de Cameron se está poniendo nervioso y no quiere publicidad negativa. Los dos mil quinientos millones de dólares que esa gente lleva recaudados deberían aplacarles los nervios, pero la consigna parece clara: "¡Disparen contra Kathryn Bigelow!".
PROFECÍA. Es posible de todos modos que tenga razón Pedro Almodóvar (en las apuestas de esta página se apunta en la misma dirección) al sostener que Avatar gana como mejor film y Bigelow se alza con el Oscar a mejor directora. Sería la primera mujer que lo gana, lo que le añade más sal al asunto. Y es la "ex" de Cameron, lo que lo hace más divertido.
Pero el juego sucio parece campear en varias direcciones. Hubo críticas a Preciosa por "describir de manera negativa" a un grupo de "afroamericanos" mostrados como violentos o abusivos, aunque en el film hay también gente blanca que merece palos (nadie parece haber advertido el soterrado racismo quizás, inconsciente, de Un sueño posible, pero hay que darle tiempo al tiempo). Y, más tontamente aún, se han esgrimido acusaciones de antisemitismo contra Un hombre serio de los Coen por algunos apuntes sobre la comunidad judía (aunque los propios Coen son judíos) y contra Enseñanza de vida (porque hay un judío donjuanesco y poco confiable). En este último caso, alguien debería observar que otros personajes poco confiables de la película no son judíos, y que el carácter de ese judío sirve en el film, en términos dramáticos, para anotar ciertos prejuicios ajenos. Pero la gente ve lo que quiere ver, o lo que desearía que los votantes de la Academia vean. Los promotores de esas campañas deberían aprender además que suelen ser contraproducentes: la gente siente que la manipulan, y actúa en contra de lo que se espera de ella.
Maneras de atraer cibernautas y un concurso para diseñadores
A fin de llamar más la atención de las nuevas generaciones jóvenes, los responsables de la organización de la ceremonia del Oscar dispuso en su página web de una ventana titulada Extras, en la cual los cibernautas pueden inscribirse con su iPod en un sistema de textos para no perderse entretelones de la ceremonia, así como sumarse a una cuenta en Twitter exclusiva para la premiación.
La Academia ha estado invitando también desde el pasado miércoles a participar en el concurso Behind the dress (Detrás del vestido), animado por Carson Kressley, integrante de Queer eye for the straight guy, ese `reality` donde seis `gays` ayudan a un `hetero` a cambiar de imagen.
En el concurso en cuestión, nueve diseñadores compiten por la creación de un traje que se usará en una fiesta a realizarse luego de la entrega de los Oscar, cuyo ganador será anunciado esta noche durante la ceremonia en el teatro Kodak.
Razones para los cambios
Se trata de un estricto cálculo para atraer público. Uno de los aspectos que llamó la atención en las transmisiones televisivas de la ceremonia del Oscar en los últimos años fue la disminución progresiva del número de espectadores, dato que se revirtió un poco en 2009. Una de las explicaciones del fenómeno, que preocupa naturalmente a avisadores y vendedores de espacios publicitarios, ha sido la disminución de la popularidad de las películas candidatas.
Ese fue uno de los motivos que impulsó a la Academia a duplicar el número de títulos nominados a mejor film. Al haber más variedad, se razonó, habrá también más gente interesada en ver quién gana. Y el resucitado sistema preferencial de votación está diseñado "para evitar una situación en la que muchas de las películas ampliamente populares dividan el voto, y la pluralidad llegue a una minoría más cohesionada", sostiene el sociólogo Gabriel Rossman, profesor de la Universidad de California en Los Angeles. La empresa auditora de los votos "podrá determinar cuál es la película ganadora con mayor apoyo de la mayoría de nuestro electorado", afirma por su parte Tom Sherak, el presidente de la Academia de Hollywood.
De hecho, la novedad no lo es tanto. El sistema fue de hecho utilizado hasta 1945, y el número llegó a doce películas en 1934 y 1935 (la cifra normal era de diez, reducidas a cinco después de 1943). Pero según Rossman, el Oscar de este año cuenta con todos los factores para ganar audiencia, porque aunque entre las candidatas hay películas pequeñas y de escasa difusión, están las populares como "Avatar", "Up" y "Un sueño posible".
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