ALEXANDER LALUZ
El multipremiado coreógrafo argentino Mauricio Wainrot está presentando en El Galpón (ayer y hoy, 21 horas) tres de sus obras con su Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín de Buenos Aires, dentro del ciclo "Muestra: escenas argentinas".
Ante un panorama local que oscila entre el impulso de nuevas propuestas en los lenguajes contemporáneos y la incertidumbre o interrogantes (más los ya clásicos problemas) sobre el presente y futuro del ballet, esta visita le abre al público un ángulo quizás distinto, provocador, donde lo clásico y lo contemporáneo se potencia en un diálogo muy fértil. Una dialéctica de flujos históricos, tradicionales e innovación que nutre muchas de las discusiones y proyectos creativos que cruzan el mapa actual de la danza.
Al hablar de este espectáculo que está presentando en Montevideo, Wainrot no le rehuye al análisis, ni escatima entusiasmo a la hora de incursionar en esos otros mundos -a veces tan alejados del conocimiento público- que pulsan al interior de una puesta en escena. No es para menos. Está al frente de un cuerpo que realiza entre setenta u ochenta funciones al año, recibe regularmente a destacados coreógrafos del exterior, y con sus más de 30 años de historia se ha convertido en uno de los principales referente para la danza del vecino país.
Además, su larga experiencia al frente de importantes compañías europeas -como el Ballet Real de Flanders- y norteamericanas -el Les Ballets Jazz de Montreal-, le permite jugar con las valoraciones comparadas. Una perspectiva que, a la hora de mirar el presente de este campo artístico, Wainrot capitaliza con enfático criticismo. En el diálogo que mantuvo el pasado jueves con El País, justo un día antes de la primera función en El Galpón, el primer punto que movilizó su reflexión fue el programa elegido para este retorno a Montevideo.
"Es una pena que hayan pasado cuatro años de nuestra última presentación en el Solís, porque tendríamos que venir todos los años", confesó sin más vueltas. En aquella oportunidad, la "recepción del público a nuestra propuesta fue impresionante: no cabía ni un alfiler en el teatro". Ahora, la situación es algo diferente. Se trata de una devolución a las visitas que ha hecho El Galpón al teatro San Martín, "que cimentó una relación de muchos años".
Entrando rápidamente en el repertorio, Wainrot explicó que las tres obras elegidas ya se han presentado en Argentina y fueron creadas por él para otras compañías del exterior. Luz distante, con música de Petéris Vask, que se estrenó en el Teatro San Martín en 2003, "la creé para el Ballet Real de Bélgica, y este elenco lo estrenó en Amberes en 2002". El otro título, Cuatro estaciones de Buenos Aires, "forma parte de otra obra más amplia, Las ocho estaciones, también estrenada por la compañía belga", que reunía el conocido ciclo de cuatro conciertos para violín de Vivaldi y el símil tanguero de don Astor Piazzolla, Las cuatro estaciones porteñas. "En lo que estamos presentando en Montevideo se mantienen muchas de las características originales, pero el final es distinto". Finalmente, Desde lejos, con música de Wim Mertens, "fue creada para el ballet Royal de Wallonie, que es la otra compañía real de Bélgica, y fue mostrada en toda Europa".
Estas obras son un buen pretexto para que Wainrot resuma en un concepto básico el carácter del acto creativo: "el hacer una obra es un acto absolutamente lúdico, por más dramática que sea. Es un juego. Si vos mirás la palabra actuar en distintos idiomas, francés, alemán, inglés, quiere decir: jugar". Luego, afirma, ese resultado escénico se convierte en un discurso corporal, kinético, que es completado simbólicamente por el público, los críticos con sus historias y vivencias personales. "Por eso me gusta montar la misma obra con distintas compañías, porque nunca termina siendo la misma. También por eso trato de ver todas la funciones, y no sólo aquellas que incluyen trabajos míos".
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