LEONARDO GUZMÁN
A los jóvenes del Chile próspero de hoy les tocó recibir la cíclica lección que, a remezones tectónicos, imparte la "loca geografía" trasandina: todo vive amenazado y es desde las ruinas y la conciencia de la fragilidad que cada época llama a desplegar afán y cimentar obra.
Nietos y abuelos se abrazan en el socorro, la reconstrucción y la siembra de nuevas esperanzas. Con la compañía del entrante Piñera, Bachelet, en gesto, palabra y acción afirma valores permanentes, sin vacilar en llamar a los militares a cortar el pillaje de hambrientos que robaban televisores.
Es ley del espíritu que ante el horror resurjan deberes y amores y que, acicateada por la adversidad, la reflexión purifique conceptos y vuelva a parir verdades viejas. El caos nos restituye al punto de partida y recimenta el papel de las personas y los pueblos que, a pesar de todo, se yerguen y construyen. Sin terremotos, maremotos ni avalanchas de nieve y lodo, con geografía cuerda y grácilmente ondulada, el Uruguay también ha confirmado ese mensaje muchas veces.
La última fue el lunes, cuando el Presidente Mujica delineó un ideario que es balance de vida y convocatoria. No buscó la confrontación. Buscó coincidencias. Y como todos sabemos en qué trayectoria se forjó, qué sismos y cismas gestó y qué crueldades sufrió, desde los cráteres de su vida valen luz primigenia conclusiones tales como que la Constitución no sólo es "contrato" y "límite" sino "programa" o que "sería contra natura que… nos dedicáramos a separar y no a concertar".
Definió: "Hace rato que todos aprendimos que las batallas por el todo o nada, son el mejor camino para que nada cambie y para que todo se estanque. Queremos una vida política orientada a la concertación y a la suma, porque de verdad queremos transformar la realidad." Y tras enumerar sus prioridades, acotó: "Nada de esto se consigue a los gritos. Basta mirar a los países que están adelante en estas materias y se verá que la mayor parte de ellos tienen una vida política serena". Tras lo cual, llamó a "pasar de la tolerancia a la colaboración". Pues señor, eso es afirmar el valor de las razones que puede aportar el otro y, por tanto, es recuperar la función creadora que cumple la libertad, aun cuando el discurso no haya usado esa palabra vencedora de la muerte.
Por cierto, sintió la libertad el socialismo anterior al endurecimiento dogmático del marxismo. Y por cierto también, la libertad no la inventaron los pujos partidarios del Estado moderno sino las tensiones del hombre inspirado por ideales modeladores: la universaliza el Levántate y anda de Jesús, pero nace aun antes, en el llamado callejero al diálogo interrogador de Sócrates. Hoy confluimos en la libertad como pacto constitucional de respeto. Aleluia por vivirlo. Si además la recobramos como discurrir sin prejuicios ni pertenencias, nos permitirá mucho más que instaurar elencos cada cinco años.
Para eso, nuestra contribución debe ser trabajar por la persona y el Derecho.
Sin una y otro, ningún programa de gobierno puede hacer libre, feliz y culto a pueblo alguno. Y en esa evidencia ¡también debemos coincidir!
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