SEBASTIÁN DA SILVA
Comenzó la administración Mujica, y como era de esperar tiene mucho para comentar.
Nadie, salvo los más extremistas, puede criticar los discursos de la asunción. Más acá o más allá, el primero de marzo nos mostró un presidente coherente con su formación política, un presidente con años en su espalda, lo que fue recogido en sus palabras, y un presidente sabedor de que tiene la oportunidad de hacer todo lo que alguna vez imagino.
Por eso es que consciente de la sustentación política que tiene atrás, valora y en mucho el arco partidario, que ni lo votó, ni lo apoya, pero que construyó el país que él aprendió a querer desde chico.
Alguna vez nos horrorizamos de las edades de nuestros mandatarios, creíamos que era una síntesis de lo grises que somos como población.
Pero admito que en alguna circunstancia, tener los años como para estar "más allá del bien y el mal", puede ser un catalizador importante para administrar las eternas diferencias entre los uruguayos.
Si bien todo lo que rodeó el primero de marzo, tuvo todo el simbolismo de izquierda, también es de reconocer que tuvo toda la solemnidad que una oportunidad como esta amerita y lo puso a Mujica a la altura de sus antecesores, dejando en claro que en Uruguay no llega a la primera magistratura cualquier improvisado.
Pero después de los aplausos y la oratoria viene el momento de gobernar, de administrar, de dar órdenes, de ser cautos, de asumir que cada palabra y silencio del mandatario tiene efectos inmediatos en la agenda nacional y que por ello es necesario mucho don de mando, pero mucho más prudencia.
La institución presidencial debe ser fuerte, las expresiones de los mandatarios ni se analizan, ni se interpretan y mucho menos se corrigen, por lo menos entre sus partidarios.
Por eso al buen primero de marzo le siguió un debut a corregir. El Presidente Mujica tiene riesgo de quedar en off side en por lo menos tres oportunidades en tres días.
Todo el tema de los concursos en la administración y el ingreso al Estado, la posibilidad de "importar" campesinos de alguna parte del continente, y la posibilidad de sacar de la cárcel a los militares condenados por acontecimientos de la dictadura, son ejemplos que no hacen al diario vivir, ni tienen de por sí consecuencias inmediatas en los grandes lineamientos de nuestro país, pero sí pueden erosionar el buen aire de estos días.
El tema de los concursos fue inmediatamente corregido a las 24 horas de haberse dicho que no entrarían más funcionarios al Estado y que los concursos son un instrumento de acomodo.
El flamante ministro de Ganadería piensa que traer de afuera gente para trabajar en el campo es un símbolo de retroceso, y ni me quiero imaginar el impacto que puede llegar a tener en la izquierda que el Goyo Álvarez se vaya para su casa.
Nos quedan 60 meses, todos nos tendremos que acostumbrar, en primer lugar el Presidente.
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