JORGE ABBONDANZA
Es imposible impedir que otros estados adquieran armas nucleares si nosotros las tenemos", dijo el primer ministro de Bélgica en una carta abierta. Publicada la semana pasada por varios diarios de Bruselas, lleva igualmente la firma de cuatro ex gobernantes belgas. El texto está redactado en nombre de cinco países pertenecientes a la OTAN que son Alemania, Noruega, Holanda y Luxemburgo, junto con Bélgica. Allí se pide a EE.UU. que retire las 240 bombas nucleares que ha mantenido hasta hoy en sus bases de cuatro naciones de la OTAN: Italia, Alemania, Turquía y la propia Bélgica. El planteo se formula en el marco de las negociaciones que se cumplen actualmente sobre el desarme y hace mención a la conferencia convocada para el mes de mayo en Nueva York, donde se revisará el Tratado de No Proliferación Nuclear.
El espectro de la Guerra Fría flota todavía sobre tales debates, a pesar de los veinte años transcurridos desde el desmantelamiento de la URSS. Con todo, la vieja tensión entre Estados Unidos y Rusia resurgió el año pasado, cuando el primero habló de montar un escudo antimisiles en Europa central y la segunda amenazó con instalar cohetes de corto alcance en Kaliningrado, aunque luego ambos desistieron de esos proyectos. Ahora, la carta abierta de los miembros de la OTAN señala que "la Guerra Fría terminó" y pide a Estados Unidos que "actualice sus políticas nucleares". La gente con buena memoria podrá recordar el miedo a un holocausto atómico que dominó al mundo antes de 1990, aunque ahora las potencias siguen jugando a mantener "el equilibrio del terror", una estrategia que la carta de Bruselas prefiere soslayar.
El contenido de ese documento remite a otro conflicto actual, porque varios países europeos (Francia y Rusia, entre ellos) se suman a los norteamericanos para presionar a Irán y hacer que desista de fabricar una ojiva nuclear. La referencia al problema es transparente cuando la carta habla de la imposibilidad de prohibir a otros la adquisición de ciertas armas si quien lo exige ya las tiene. No se trata de un dilema militar sino de una cuestión moral, porque mucha gente podrá preguntarse con razón qué derecho asiste a EE.UU. para sancionar a Irán por su programa nuclear, mientras actúa como gendarme de los demás países pero guarda en sus arsenales el mayor depósito de artefactos atómicos del mundo.
Nadie amenazó antes a otras naciones a medida que desarrollaban su tecnología e iban incorporándose al club nuclear, un grupo donde por el momento figuran el Reino Unido, China, Francia, India, Rusia, Pakistán e Israel, además de las reservas norteamericanas en la materia. Pero en definitiva ciertos centros de poder son los que resuelven quién tendrá armas de destrucción masiva y quién no las tendrá. Como dice el viejo refrán, haz lo que yo digo y no lo que yo hago.
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