ALEJANDRO NOGUEIRA
La carta del coronel Orosmán Pereyra a Lucía Topolansky plantea con gran fuerza argumental una línea de pensamientos en lo que refiere a la relación entre los uniformados y los tupamaros hoy en el poder. En la misma cuerda, las manifestaciones del nuevo presidente y de su ministro de Defensa en relación al pasado, a que no se cobrarán cuentas pendientes, apuntan a dar un marco a una nueva vinculación entre las dos fuerzas políticas. Pero lo de los desaparecidos y los derechos humanos es harina de otro costal, como sostuvo otro Pereira -el general retirado Oscar Pereira-, que escribió "Recuerdos de un soldado oriental del Uruguay". Ayer en radio Carve dijo, que la cuestión de los desaparecidos "no es un tema soslayable, no es de carácter político y no es un tema de los militares y los tupamaros" sino un tema social. "Los desaparecidos que todavía existen es la herida más grande que tiene el Uruguay (…) y las historias deben ser saldadas con el sistema político o sin el sistema político". Los intentos de "dejar las cosas como están (…) solo contribuyen a agravar el problema" , dijo.
La carta de Orosmán Pereyra a Topolansky menciona una "lucha fratricida no deseada" en los años de plomo entre los militares y el MLN-T en la cual "un torbellino de hechos y sucesos" fue "empujando" a unos y otros "a situaciones que nadie imaginaba". Pereyra señala que "las heridas en la sociedad iniciadas con una guerrilla utópica y una dictadura militar de igual naturaleza, están en tiempo de cerrarse".
Sostiene Pereyra que la "sangre de hermanos" derramada regó la actual democracia, palabra que, como tantas en la carta, escribe con la mayúscula que impuso la cultura castrense, como si ciertas palabras necesitaran esa grafía para tener un peso que no tienen. Es valiente lo que dice, pero está acotado al relacionamiento de dos elites en un proceso mucho más complejo. Bienvenido un nuevo relacionamiento.
Pereyra omite en esta remozada teoría de los "dos demonios" que la dictadura siguió 12 años luego de la derrota militar de los tupamaros, violó todos los derechos democráticos, exilió, torturó, desapareció ciudadanos de todo pelo -no solo tupamaros-, y que el pasado gobierno de izquierda reparó malamente, mezquinamente, sin zanjar el problema.
Un nuevo estadio de relaciones entre tupamaros y militares no es más que una variante del nuevo estadio de relaciones entre militares y fuerzas políticas que emergió con la restauración democrática. Hoy ya no se trata de poner presos a más militares y la sociedad no toleraría venganzas soterradas desde la burocracia hacia los militares. Se trata del "Nunca más" y la reconciliación que Tabaré Vázquez no logró; se trata de esclarecer la situación de los desaparecidos, se trata de que los militares no solo deben tener gestos hacia los tupamaros sino hacia la sociedad toda si quieren terminar con una oprobiosa brecha anímica de décadas. Hoy los tupamaros, en un gobierno de todo el Frente Amplio, no solo tienen que hacer gestos hacia sus antiguos enemigos. Tienen que reparar a las víctimas y reconciliar a los militares, que son ciudadanos, con los demás ciudadanos; si ellos quieren y ayudan.
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