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Por esas curiosas coincidencias que a veces se dan entre los hechos más comentados por la prensa internacional, en los últimos días la cifra de 2 millones de dólares se manejó en distintos escenarios acoplada a determinados comportamientos de dos ex-presidentes, que se valieron de su privilegiada posición como tales para ampliar su cuenta bancaria o aumentar su prestigio. En un caso, la confirmación de la inconducta del protagonista fue total: en el otro caso, viene cumpliéndose una etapa de investigación que concluirá con la verdad acerca de las sospechas que penden sobre un conocido personaje de la política española.
Quien primero apareció envuelto en una operación financiera controvertida, es el señor K; con retraso considerable -el episodio sucedió en octubre de 2008- llegó a saberse públicamente que don Néstor había comprado 2 millones de dólares para invertir en la compra de un hotelito -el Alto Calafate- cuando la realidad era otra: beneficiarse con las diferencias cambiarias que le permitirían, en pocos días, acceder a importantes ganancias, de acuerdo a la información reservada que poseía, acaso trasmitida por la señora presidenta.
Con igual suma, José María Aznar -ex-presidente de España- habría intentado la conquista de la Medalla de Oro con que el Congreso de Estados Unidos condecora a personalidades salientes. Aquélla fue la cantidad pactada -según se averiguó- con un famoso estudio de abogados que opera en Washington, y que se encarga -entre otras loables misiones- de lograr que congresistas y senadores yanquis reparen en candidatos a merecer dicha distinción (con absoluto desinterés, claro). Lo malo del caso, es que los 2 millones de dólares no partieron de los bolsillos del señor Aznar, sino que provenían de fondos desviados a través de la Secretaría de Estado para Asuntos Exteriores e Iberoamérica.
Tan complicada maniobra hace pensar que Aznar anda buscando una "S" para reemplazar a la "Z" que integra su apellido.
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